23/09/2019 | Michael Löwy

La ideología del progreso (con o sin comillas) pudo, en la época de la Ilustración, desempeñar un papel crítico y subversivo frente al oscurantismo clerical y el absolutismo monárquico. Es el caso, por ejemplo, del Bosquejo de un cuadro histórico de los progresos del espíritu humano (1793), de Condorcet, o de los escritos socialistas utópicos de su discípulo Saint-Simon. Pero a partir la década de 1820, con “Ordre et Progrès” de Auguste Comte, esta ideología se convirtió en una apología del orden industrial y científico burgués. Un ejemplo particularmente sorprendente de conformismo progresista es la doctrina ecléctica de Víctor Cousin, quien en su Introducción a la Historia de la Filosofía (1828) desarrolló una impresionante filosofía de vencedores, que asociaba con admirable elegancia el éxito de los vencedores y el progreso de la civilización…

 

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