A continuación se hace una síntesis de las ideas principales del prefacio a la edición colombiana del libro Izquierdas del Mundo, ¡uníos¡ de Boaventura de Sousa Santos, que sirve de pauta organizadora para la lectura del libro completo. El prefacio lo hace en 2018, Leopoldo Múnera Ruiz, profesor de la UN -Facultad de Derecho, Ciencias Políticas y Sociales- y coordinador del Observatorio Nacional de Paz y Conflictos de Planeta Paz. Boaventura es portugués, doctorado en sociología del derecho y profesor jubilado de sociología. 

El libro recorre el campo en construcción -según invitación del autor- de lo que sería la sociología de la praxis política de la izquierda. Algo así como un continente para el contenido de la teoría marxista para una interpretación más afinada de los postulados de la lucha de clases y de las formas económicas y políticas que adquiere en una sociedad determinada. Lo anterior para nutrir el crecimiento de la izquierda, para Sousa llamada a transformar la sociedad mediante la acción política subversiva frente al capitalismo. 

Utiliza para esto la delimitación de una ventana de lectura de coyuntura de cinco países para hacer un análisis guiado por la pregunta por la izquierda. A esto lo llama Múnera ‘análisis no coyuntural de la coyuntura’.  Dos latinoamericanos – Brasil, México y Colombia- y dos europeos -España y Portugal-. 

El punto de partida del análisis político para el desarrollo de la izquierda es el de que el capitalismo está pasando por un interregno. Concepto gramsciano que define un periodo de ruptura y transición social y política que conlleva una crisis en la que lo viejo muere y lo nuevo no puede nacer. De modo que se presentan variedad de fenómenos morbosos que se resisten al nacimiento de una nueva época. Sin embargo para Sousa, se trata más bien de un anti-interregno porque no hay una crisis de autoridad sino la renovación de la misma en la que ésta hace un retroceso o una regresión para devenir fortalecida sobre nuevas bases ideológicas. Algo como una parasitación del futuro. Así es que aparecen para él los neoautoritarismos o los neofascismos representados por Trump o Bolsonaro, sin que se configure en una  salida al capitalismo. La agenda explícita o manifiesta de este interregno ha sido el fin del socialismo como sistema social, económico y político liderado por el Estado (muy pronto para considerarla realizado) y la agenda implícita o latente es la del fin de cualquier sistema liderado por el Estado de la mano del neoliberalismo. 

Sousa llama articulaciones concretas e históricas como nodos de profundización para el análisis propuesto a las tres formas de dominación características de la modernidad occidental abierta por el siglo XVII, el capitalismo, el colonialismo y el patriarcado. En estas articulaciones se establecen los escenarios en los que se sitúan las izquierdas del mundo. Interesa la incidencia de lo que puede decirse en cada una de estas tres articulaciones que trascienda las prácticas sociales y las formas de acción colectiva. 

Así tenemos en frente que se debilitó el socialismo luego de la caída del muro de Berlín y la democracia liberal hizo pacto con las tres formas de dominación. Frente a este horizonte, la izquierda tendría por principios, revolucionar la democracia y democratizar la revolución.  La izquierda ha de ocuparse de ampliar la democracia al espacio político, social, cultural y económico y en tanto, renunciar a la transformación radical de la sociedad. En tal sentido la izquierda cargaría con la tarea misional de resistirse, mitigar y reorientar la profundización del Estado dictatorial y fascista, sin perder de vista su triple alianza con la triada capitalismo-colonialismo-patriarcado. No atender a uno de estos nodos, fractura la lucha y la torna ineficaz. La dicotomía derecha-izquierda queda así organizada. Ambas se dirigen a la democracia. Las acciones políticas de la izquierda deben estar contextualizadas y poder ser pensadas con arraigo en las condiciones diferentes y específicas de cada sociedad. El objetivo: la búsqueda de la unidad práctica en medio de la heterogeneidad cultural y social. 

La ventana coyuntural para pensar el quehacer de la izquierda:

  1. Portugal. Las izquierdas prefieren negociar poselectoralmente. Así hay acuerdos sin perder principios. Mantienen relaciones con las bases. No negocian estratégicamente con la derecha. Hay un programa mínimo común y le hacen seguimiento con un sistema de alertas. No se pierden los espacios democráticos por simples que sean. Es posible la divergencia constructiva. Hay canales de comunicación entre las fuerzas de izquierda. Hay claridad en los puntos de los acuerdos. Efectos prácticos y simbólicos de las políticas para toda la población -políticas al alcance vivencial del pueblo-. Oponiéndose a la receta neoliberal, se alcanza su promesa nunca conseguida, sin aumentar el sufrimiento y el empobrecimiento de los portugueses. 
  2. Brasil. Difícil coordinar las resistencias y las alternativas luego de los aciertos y desaciertos de los gobiernos del Partido de los Trabajadores. La combinación del imperio de Estados Unidos con el imperio del capital global ha conseguido una injerencia concreta en la política nacional. Financiación exterior de partidos y movimientos políticos. Estrategias comunicativas ante la opinión pública tipo tanques de pensamiento estructurados y articulados. Desnaturalización del sistema judicial. Convergen directrices políticas de derecha internas y externas para juzgar a los líderes de izquierda. Distancia de la izquierda y amplios sectores populares ajenos, se trata de un hiato político que no puede ser adjudicado enteramente a la alienación. Conjunto de reivindicaciones individuales y colectivas que la izquierda no recoge. 
  3. Colombia. Uso sistemático de la violencia por parte de las guerrillas durante décadas ha tenido efectos para la izquierda. Asignación geoestratégica del país por Estados Unidos -¿el hijo más próximo?-. Proceso de paz frustrado en su alcance de transformar el antagonismo bélico por el agonismo político de la izquierda. La clase y élite de gobierno se acostumbró a dominar y dirigir, ha marcado una tradición en el poder. La izquierda no construye una mínima unidad. Democracia corroída por la corrupción y el narcotráfico. País dividido en el que la derecha mantiene la unidad -aglutinándose en torno al “castrochavismo”- y la izquierda está fragmentada por lo ideológico -irreconciliables por el “castrochavismo”-. La polarización bélica ha permeado la sociedad y la vulnerabilidad consecuente ha sido capitalizada por la élite como un caballo de batalla. El futuro es recoger la cosecha de la tierra de las luchas sociales. 
  4. México. Inédita victoria electoral de la izquierda de Manuel López Obrador en cabeza del MORENA (Movimiento de Regeneración Nacional) en un país de extensa frontera con EU. Tensiones para gobernar porque debe acordar con la derecha y lidiar con los desacuerdos con los zapatistas que llevan ya muy lejos el modelo de la autoorganización territorial a modo de un federalismo socialista y libertario. Este modelo ha concretado una propuesta anticapitalista, anticolonialista y antipatriarcal. Conflictos interculturales. No sirve una teoría general de la lucha de clases. 
  5. España. Luchas polisémicas en Cataluña. La sombra del estado-nación y del nacionalismo ligado a las derechas europeas son un reto para la transformación del significado de la unidad que le sea útil a la izquierda. El conflicto entre los independentistas catalanes y el gobierno del Partido Popular (PP), demuestra que la izquierda debe ampliar su discurso y comprensión más allá del anticapitalismo. Coexisten varias naciones en un mismo Estado por lo que la izquierda se ve avocada a portar un discurso emancipatorio como en el sur.