Colectivo Walter Benjamin

Relatoría: De Sousa, B. Izquierdas del mundo, ¡uníos¡Bogotá: Siglo del Hombre Editores, 2019. Capítulo 1 “El nuevo Interregno”, pp. 51 – 65.

Elaborada: Sergio De Zubiría S.

Fecha: noviembre 12 de 2019

El capítulo 1 del texto de De Sousa Santos, “El nuevo Interregno”, intenta hacer un diagnóstico de las principales características de la época a nivel planetario a partir del derrumbe, en 1989, del modelo de socialismo soviético estatista. Utilizando la imagen o metáfora gramsciana de Los cuadernos de la cárcel, elautor apropia la noción de “Interregno” para intentar comprender los tiempos actuales. En palabras del filósofo italiano: “La crisis consiste precisamente en el hecho de que lo viejo muere y lo nuevo no puede nacer: en este interregno se verifican los fenómenos mórbidos más variados”. En el prefacio a la edición colombiana, Leopoldo Múnera, prefiere calificarla de “anti-interregno”, porque la figura pretende ilustrar la muerte de lo antiguo y la dificultad para que surja una nueva época, pero los acentos de De Sousa son principalmente de mutaciones regresivas y reaccionarias luego del colapso de 1989.

El capítulo contiene tres partes. En la primera, se pretende justificar el uso de la noción de “Interregno”, sus manifestaciones epocales “discordantes” y los desafíos que plantea a la izquierda mundial. La segunda intenta comprender el significado histórico que contiene la actual fase de “Interregno” y las nuevas dificultades que le plantea a la acción política de izquierda. Y la tercera, lograr identificar un horizonte común para el quehacer político de la izquierda planetaria.

Interregno, Agendas y Síntomas

Estamos y vivimos un periodo de interregno. “El mundo que creó el neoliberalismo en 1989 con la caída del Muro de Berlín terminó con la primera fase de la crisis financiera (2008-2011) y todavía no se ha definido el nuevo mundo que le tomará el relevo” (p. 51). Una época de transiciones y rupturas donde predominan las mutaciones regresivas e inestables. No se atreve el sociólogo a denominarlos “fenómenos mórbidos”, pero si “profundamente discordantes entre sí”.

El mundo post1989 tuvo dos agendas que tuvieron gran impacto en las políticas de izquierda. Una agenda “explícita” que ha girado en torno a la constatación del fin del socialismo liderado por el Estado y otra agenda “implícita” que concibe el fin del cualquier proyecto de sociedad liderado por el Estado. De alguna forma un terreno bastante propenso para la expansión y afianzamiento del neoliberalismo. La agenda “implícita” ha sido determinante en la agenda de la acción política y social: la privatización y entrega al mercado de todos los modos de vida.

“En estos años de interregno resulta evidente que la agenda implícita pretendía darle toda la prioridad al principio del mercado en la regulación de las sociedades modernas en detrimento del principio del Estado y del principio de la comunidad. A comienzos del siglo XX el principio de la comunidad había sido dejado en segundo plano en favor de la rivalidad que se instaló entre los principios del Estado y del mercado. La relación entre ambos siempre fue muy tensa y contradictoria (…) A partir de 1989 el principio del mercado, el neoliberalismo encontró el clima político adecuado para imponer el principio del mercado, contraponiendo su lógica a la lógica del principio del Estado, hasta entonces protegido” (p. 54).

La mayoría de las fuerzas de izquierda aceptaron este giro, especialmente en Europa y en las visiones socialdemócratas. Mientras en algunos países de América Latina se protagonizaron unas resistencias significativas a este “giro”, que han conllevado la intervención directa del imperialismo norteamericano para intentar imponer esta tendencia. En los últimos cinco años (2014 – 2019), la actividad política en distintos países y regiones ha adquirido “nuevos contornos” y manifestaciones “sorprendentes o desconcertantes”.

En una selección posible y desconcertante encontramos un listado de sucesos complejo de comprender: desde el incremento de la desigualdad social, la intensificación de la dominación capitalista, la renuncia a las armas “por parte de la guerrilla colombiana y el conturbado inicio del proceso de paz” (p.56), el resurgimiento del colonialismo interno en Europa, exacerbación de formas de fascismo, hasta nacionalismos de derecha y de izquierda. Que en términos del investigador portugués son expresión de “síntomas” y “no de causas”. El interrogante será: ¿cuáles de estos síntomas están mostrando la emergencia de un nuevo comienzo anti-capitalista para la izquierda mundial?

Interregno, Globalización y Tensiones

Partiendo de la caracterización del capitalismo como un sistema globalizado desde su inicio, tenemos que reconocer como el ámbito y características internas de su proceso de globalización han variado a lo largo de los siglos. Desde 1860 se ha presentado una aceleración de la interdependencia global, con sus contradicciones internas y discontinuidades significativas. Podemos ubicar un primer periodo de esta aceleración entre 1860 y 1914, en el cuál, el Reino Unido fue el país hegemónico y estuvo acompañado de la segunda revolución industrial y la disputa colonialista; que culmina en una rivalidad inter-imperialista, que dio como resultado dos guerras mundiales en las que murieron cerca de 78 millones de seres humanos. El segundo periodo acaece entre 1944 y 1971, pasando a ser Estados Unidos el país hegemónico, y sus características centrales son la guerra fría, la tercera revolución industrial y el inicio de una nueva fase de imperialismo y neocolonialismo. El tercer ciclo de globalización capitalista se inicia en 1989 y su crisis se manifiesta en el actual interregno que nos encontramos. Es una etapa

en que China y la Unión Europea le disputan la hegemonía a los Estados Unidos. Y sus características “más innovadoras fueron, por un lado, someter por primera vez virtualmente el mundo entero al mismo modelo de desarrollo hegemónico (el capitalismo en su versión neoliberal) y, por otro, transformar la democracia liberalen el único sistema político legítimo e imponerlo en todo el mundo” (p. 58).

Las facetas de esta tercera etapa están vigentes, pero se han acentuado las tendencias a la desestabilización y la crisis. Algunas de estas tendencias y su agudización son: mayor revalidad entre potencias hegemónicas; desequilibrio entre el poderío militar de Estados Unidos y su verdadero poder económico; imposibilidad de revertir la globalización por el incremento de la interdependencia; crisis de rentabilidad del capital que ha provocado una larga depresión; ataque global a las clases medias; una carrera sin precedentes por la apropiación de los recursos naturales; incremento de la precariedad ecológica mundial.

En este interregno para las fuerzas de izquierda las posibilidades de avanzar en su unidad están determinada por dos pulsiones contradictorias: a) La incapacidad de las instituciones democráticas de frenar el avance transnacional del “fascismo financiero” y sus instituciones internacionales; “esta verificación convoca conurgencia la necesidad de que las izquierdas se unan para salvaguardar el único campo político en el que hoy admiten luchar por el poder: el campo democrático” (p. 60); b) La constatación cada vez mayor de la irreversible contradicción entre el capitalismo y la democracia; “siendo cierto que las izquierdas desde hacemucho tiempo están divididas entre las que creen en la regeneración del capitalismo, de un capitalismo de rostro humano, y las izquierdas que están convencidas de que el capitalismo es intrínsecamente inhumano y por lo tanto irreformable, no será fácil imaginar que se unan de forma sostenida” (p. 61). Estas tensiones otorgan a la democracia un papel central en el interregno que vivimos a partir de 1989.

Fuerzas de izquierdas, Interregno y Democracia

Nuevas y viejas formas de derecha, bajo ciertos tipos de populismo, intentan canalizar la erosión de la democracia. Pretenden imponer “su” democracia contra ciertos “enemigos o amenazas internas” como los inmigrantes, refugiados o grupos sociales declarados “inferiores” por motivos de raza, etnia, sexualidad o religión.

Al mismo tiempo, nuevas y viejas fuerzas políticas de izquierda intentan defender la democracia contra los profundos límites y perversiones de la democracia representativa burguesa liberal. Estas fuerzas se proponen “democratizar la democracia”, para poder resistir a los embates del neoliberalismo y del capital financiero transnacional. Las principales expresiones de esta “democratización de la democracia” son: nacimiento de nuevos partidos de izquierda y partidos de nuevo tipo; rupturas en los tradicionales partidos de izquierda tanto en lo que respecta a programas como tipos de liderazgos; surgimiento de movimientos sociales de grupos excluidos; distanciamiento de las lógicas partidarias y de la democracia liberal; protestas, marchas y huelgas por la defensa de los derechos económicos y sociales; reivindicación de asambleas constituyentes originarias; búsqueda de articulaciones en las familias de izquierda.

Podemos sostener que en este interregno se está provocando un serio cuestionamiento de las teorías y las prácticas de la izquierda que dominado la acción política en las últimas décadas. En este cuestionamiento se pueden ubicar algunos rasgos comunes:

  1. a)  El horizonte emancipador ha dejado de ser exclusivamente el socialismo para ingresar en la agenda de las izquierdas temáticas como la democracia, los derechos humanos, la dignidad, el posneoliberalismo, el poscapitalismo. En general, un horizonte emancipatorio mucho más impreciso y diverso.
  2. b)  Elcarácterdelasluchasylasreivindicacionestieneuncarácterdefensivo, es decir, defender lo conquistado. “En vez de las guerras de movimiento y las guerras de posición, prevalecen las guerras de trinchera, de líneas rojas que no se pueden traspasar” (p. 63).
  3. c)  Laproblemáticadelcampodemocráticoobligaalaizquierdaaconvertirse ella misma en referente de nítidas prácticas democráticas. Aunque el régimen democrático esté desprestigiado las izquierdas no pueden abandonar su defensa como un principio de su identidad.
  4. d)  La caracterización de una fuerza o un movimiento de izquierda está altamente determinada por el contexto social y cultural. Las fuerzas son de izquierdas de acuerdo con las respuestas y políticas que construyan en su contexto concreto.
  5. e)  La distinción entre fuerzas de izquierdas y políticas de izquierda es necesaria para todo análisis concreto porque no necesariamente son armónicas y coherentes sus relaciones. Por momentos, podemos constatar que fuerzas de izquierdas no están implementado políticas de izquierda (Syriza en Grecia es un partido de izquierda, pero las políticas que ha venido aplicando en los últimos años son de derecha).
  6. f)  La erosión y colapso de la democracia por el neoliberalismo y el fascismo financiero deben ser escenarios propicios para mostrar la capacidad de las izquierdas para reinventarse y construir todos los esfuerzos para la unidad.