Las jornadas históricas de paro nacional en Colombia que vienen aconteciendo desde el jueves 21 de noviembre, llevan en lo corrido millares de manifestantes, más de 30.000 fueron los convocados a la Plaza de Bolívar desde las diez de la mañana hasta el atardecer, momento en que iniciaron las provocaciones y se armó el primer tropel masivo. La plaza en campo abierto de combate entre una ciudadanía desarmada contra los robots del ESMAD que confrontaron no sólo con la intención de dispersar la concentración, sino con el firme interés de agredir, reprimir y lesionar a los protestantes para causar el efecto de miedo y terror entre los jóvenes, estudiantes, indígenas, maestros, sindicalistas y tantos otros sectores y movimientos sociales que salieron a las calles. 

El 21N no fue sólo una movilización en el día, se prolongó hasta media noche, el cacerolazo en contra de la represión policial inició a las 7:00 pm., todas las localidades de Bogotá, en todas las capitales de Colombia, se escuchó el estruendoso sonido de una cacerola golpeada con el molinillo o la cuchara de madera, un [toc toc toc toc], sin ritmo y aturdidor sonido salía de las ventanas de los grandes edificios de la ciudad, en los conjuntos cerrados iniciaba un vecino y le seguían los demás, los más aguerridos nos dispusimos a salir con las armas del ruido, cacerolas, ollas, cucharas y cuchillos en las calles, en dirección a los parques del barrio. Todo Bogotá salió, en pijamas y chancletas, con los trastes de la cocina, hicimos una protesta única en la historia reciente, contra la represión, contra Duque, contra Uribe. 

Lo sorprendente, en la localidad de Usaquén al norte de Bogotá, sobre la carrera séptima desde la calle 160 y desde la calle 100, se venían en marcha miles de bogotanos que habían identificado que en la calle 144 se ubicaba el conjunto residencial donde viviera Iván Duque, el increpado presidente a quien se le está pidiendo renunciar. Las arengas no nos contradicen, el pueblo del norte, los niños bien de Cedritos, Bella Suiza, Cedro Golf, belmira, salían a gritar “Uribe paraco el pueblo está berraco”, “Uribe y Duque la misma mmm son, el uno es un paraco el otro un cabrón”, etc. Esto no era en el tropel de la macarena o en las puertas de la nacional, eran jóvenes residentes de los barrios notables del norte bogotano. Con lo cual se puede estar ante distintos fenómenos sociales en nuestra ciudad: un despertar de la juventud sin distingo de clase social; una elevada conciencia por la no violencia que logró fomentar el proceso de paz de La Habana y la firma del acuerdo en el Colón, el cual cumple este mes tres años; un rechazo generalizado contra la represión de las fuerzas del Estado ante la protesta social.

En el sur los hechos conllevaron a varios enfrentamientos, las localidades también se hicieron sentir en el Paro Nacional, los distintos portales del sistema de Transmilenio fueron bloqueados: Usme, Tunal, Portal del Sur y Portal Américas, en su totalidad colapsaron, giraron las imágenes de agentes del ESMAD golpeando a jóvenes mujeres que salieron a protestar en sus ciclas, en el portal américas cayeron varios jóvenes al piso producto de golpes perpetrados por estos agentes. La furia de la ciudad se sintió y el aparato represivo de uso de la fuerza del Estado accionó con toda su brutalidad. Cientos de jóvenes tuvieron que pasar la noche en clínicas y hospitales, ruedan las imágenes de los golpes en la cara de mujeres agredidas. 

Cerrando el parte del jueves, amanecíamos el 22 de noviembre bajo un posible Estado de conmoción, al alcalde Enrique Peñalosa sólo le alcanzó para un toque de queda decretado en las localidades de Ciudad Bolívar, Kennedy y Bosa, e impuesto en toda la ciudad. La estrategia militar del pánico, se apoderaba de nuestra burbuja, la línea política de la extrema derecha desde el twitter de María Fernanda Cabal ordenaba armarse con palos y machetes para defenderse de la horda de vándalos que venían a meterse a los conjuntos, en especial en los conjuntos de las localidades del sur, comandados por esas unidades familiares de cajas de fósforos en propiedad horizontal con formato de panóptico, en los cuales siempre tienen que existir empresas de seguridad, en un esquema de autodefensa con espíritu de paramilitarismo exacerbado. 

En tal esquema casi diseñado con premeditación no tardo en vivirse el pánico, el terror por los vándalos que dejaran los camiones de la policía metropolitana de Bogotá, el registro de las cámaras de vecinos que de inmediato colgaron las pruebas en la web, sí los vándalos que entraron a los conjuntos de Bogotá en el toque de queda fueron contratados por el mismo Estado colombiano, muchos fueron los asaltantes capturados por el vecindario, y obligados a confesar que se vendieron por $50.000 para entrar y atemorizar el Paro Nacional. La estrategia de pánico y autodefensa, no funcionó, la ciudadanía en Bogotá despertó el sábado 23 de noviembre con todo el ánimo de seguir manifestándose.

Desde las 11 de la mañana del sábado se escucharon las cacerolas, ya rotaban en las redes los flayers de convocatoria, festivales de arte, danza y música, reunidos en los parques de la ciudad. A las 5:00pm salíamos de la primera reunión de Cedritos en la cual analizábamos lo que estaba pasando. La convocatoria venía desde la avenida novena con calle 147 hasta la casa del presidente. En un plano simbólico y figurado la concentración se ubicó frente al Conjunto Sierras de Moral, conscientes o no de que el presidente y su familia debería estar habitando la Casa de Nariño desde el 1° de enero del año en curso. La misma guardia presidencial se hacía presente en la entrada del conjunto residencial. Pasaban las horas y el festival se expandía, músicos, malabaristas y miles de manifestantes bloquearon la carrera séptima desde las calles 140 hasta la calle 147. Hasta media noche se escucharon los cacerolazos. Dos tanques militares desfilaron en dirección sur-norte de costado oriental de la séptima dividiendo la manifestación (tanques del material bélico del ejército, no eran tanquetas del ESMAD). Del costado occidental llego un escuadrón de soldados del ejército nacional con metralletas y armas AK47. En la montaña podían verse francotiradores y cuerpo del ESMAD.

El terror impuesto por el aparato represivo del Estado no pudo contra los manifestantes. Familias enteras, con abuelos y nietos, se hicieron presentes. Se abrieron círculos en los cuales hasta rayuelas (golosas) se dibujaron en el suelo, se jugó a saltar el lazo entre amigos de la adolescencia, se hicieron varios daños a las baterías de cocinas que fueron destruidas con el coraje de hacer sonar lo más fuerte posible la indignación. Dylan Cruz caía en la calle 19 con carrera 4ta, objetivo de un francotirador del ESMAD, según la web de Caracol Noticias, medio oficial, le dispararon con una escopeta calibre 12 que contenía balas de fogueo, no era un arma convencional de gases lacrimógenos y no fue disparada en caída libre, fue dirigida a su cabeza, causando su muerte. 

El domingo 24 de noviembre había una masiva concentración frente al Hospital San Ignacio, políticos y lagartos pasaron a saludar a los familiares de Dilán, quien había sido trasladado a cuidados intensivos. En una protesta de ciclovía, entre patines, patinetas, ciclas y demás ruedas, se aglomeraron millares de bogotanos durante la mañana y la tarde del domingo. En los barrios el velatón también se sintió, prendimos velas y antorchas por la vida de Dilán, los que creen oraron, los que no seguimos con el ruido de las cacerolas, protestando por la violencia del Estado contra sus jóvenes. Las localidades del sur siguieron militarizadas, los helicópteros que escuchamos desde el jueves siguieron sobrevolando, gastando millones de pesos en combustible. Se iluminaban desde el cielo las concentraciones de manifestantes, el reconocimiento facial de las cámaras se aseguraba de registrar a cada uno de los peligrosos individuos encacelorados. 

Los drones también estuvieron, de un lado y del otro, comprendemos que los aderezos de las manifestaciones han venido alimentándose de múltiples ingredientes. El sentimiento de indignación ya no parece venir sólo de los desposeídos. Cámaras fotográficas profesionales han acompañado a los manifestantes, hasta carros muy dotados de sonido se han hecho presentes. Así fue como llego el Día Internacional de la no violencia contra las mujeres, el 25 de noviembre, toco asumirlo en medio del Paro Nacional. Con las rutas armadas desde el Parque Nacional en la séptima con 37, hasta la calle 45 se dirigieron millares de mujeres que eran esperadas por un despliegue del ejército nacional que desde horas de la mañana había militarizado la Plaza de la Hoja, ubicada en la calle 19 con carrera 30. 

En el día de la no violencia el parte médico de Dilán Cruz fue estado irreversible. La noticia de su muerte ocasionó que a las 11:00pm volvieran a sonar las cacerolas y desde los distintos extremos políticos condenáramos al asesino, el más reciente crimen de Estado perpetrado por el ESMAD, documentado desde todos los ángulos, con un registro que será imposible de borrar de las memorias de las cámaras, de los computadores y de los millones de colombianos que por fin tienen en sus ojos las pruebas del asesinato de un joven completamente indefenso que había salido a manifestar porque no tenía dinero para pagarse la universidad y reclamaba su derecho a estudiar una carrera universitaria. 

De inmediato dos consignas surgen: desmonte del ESMAD y educación pública y gratuita para toda la juventud colombiana. Se agrega que en medio de los millones de colombianos en las calles, al presidente se le ocurre adelantar el paquetazo de la Ley de Financiamiento, con el Decreto 2111 del 24 de Noviembre de 2019, se adelantaron en la centralización de todas las entidades financieras del Estado en un grupo denominado Bicentenario, que en adelante gobernará una junta de accionistas todos los recursos financieros del Estado colombiano, entre lo más sospechoso no especifica quienes son la totalidad de accionistas, y sí como será posible será la forma en que recursos privados ingresen a comandar la financiación pública. 

La tesis que se ha corroborado en estos días de Paro Nacional es que el aparato legítimo de la violencia del Estado en Colombia, es un aparato de represión contra el pueblo colombiano, el Escuadrón Móvil Antidisturbios-ESMAD es un órgano compuesto por agentes que han asesinado a jóvenes sin armas. La función del aparato policial del Estado se ha deteriorado. Es urgente un desmantelamiento de este organismo y la reestructuración de todo el cuerpo policial en Colombia. En las ciudades no estamos en campos de batalla, no hay manifestantes en armas, para tener no sólo al cuerpo antidisturbios sino además han dispuesto de la Policía Militar y del Ejército Colombiano, estos días de Paro Nacional, solo han demostrado que el terrorismo de Estado practicado en Colombia ha llegado a una dimensión de violencia y represión sin límites. 

El punto principal del Paro Nacional convocado el 21 de noviembre fue burlado por el Presidente Iván Duque, las manifestaciones salieron a protestar en contra de la Reforma Tributaria que tiene un proyecto de Ley en el Congreso desde el 22 de octubre de 2019. Los debates han sido amplios y en el diálogo nacional que ha convocado ha dejado de presente que no tumbará el Decreto 2111 y que no desmontará al ESMAD. El Paro sigue, hoy con manifestaciones directas contra las sedes de la Policía Metropolitana de Bogotá. 

Mg. Liliana Pardo Montenegro – UDFJC – UNR – UBA. La Walter Benjamín, Partido Comunista Colombiano, Bogotá.