La decisión del suicidio de Walter Benjamin, ese 26 de septiembre de 1940,
antes de caer prisionero ante las hordas fascistas, ubica a este inmenso
pensador como un mártir del pensamiento crítico del siglo XX. Asi como el
joven Marx, elogia en su Tesis Doctoral a Prometeo como el primer mártir del
calendario filosófico occidental, podemos sostener que el suicidio del filósofo
alemán es un llamado a toda una época sobre la amenaza perenne del fascismo.
Alguien lo ha denominado “un suicidado de la sociedad”, tal vez, porque se
necesitaba que un intelectual de la talla de Benjamin, nos indicara que es más digna
la muerte por mano propia que aceptar cobardemente la “solución final” en los
campos de exterminio

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