CARTA ABIERTA A UNA AMIGA

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A CLARA LÓPEZ OBREGÓN

Querida Clara:

Continúo con este ejercicio epistolar ente hermanos y hermanas para encontrar un nuevo escenario que nos permita cambiar la dramaturgia del poder en la que los pobres están afuera.

Usted ha sido una gran amiga y eso para mí es mucho decir, porque la amistad no se consigue a la vuelta de la esquina. Se construye paso a paso, ladrillo a ladrillo en las buenas y en las malas. Y usted y yo hemos estado en ambas.

Usted me brindó de manera muy generosa su casa y su afecto en épocas aciagas de la persecución y asesinato contra los integrantes de la Unión Patriótica, de la cual con Bernardo Jaramillo, José Antequera y Jaime Pardo Leal, entre muchos otros y otras, usted y yo, hicimos parte.

Usted y yo estuvimos amenazadas y ahora somos sobrevivientes de la U.P. Sobre esa matanza la Justicia tendrá que llegar más temprano que tarde.

Tendrá que llegar para que podamos decir algún día en Colombia el Nunca Jamás.

A usted le encomendamos en la U.P. hace 24 años ser nuestra candidata a la Alcaldía Mayor porque usted reunía las cualidades para hacerlo y yo fui su asesora en cultura. Se acuerda?

Hoy nos vemos, y no entiendo por qué carajo, en escenarios distintos. Yo me niego a creer lo que mis ojos ven, lo que las palabras dicen. Estoy segura que usted va a cambiar de opinión y no va a hacer parte de quienes ejercen la exclusión contra un partido de la izquierda. Yo no milito en el Partido Comunista es verdad, pero nada ni nadie hará que de mi boca y de mis acciones salga alguna vez una frase o un acto anticomunista. Ellos y ellas han sido los grandes sacrificados de esta confrontación. Han puesto centenares de muertos. Usted y yo estuvimos en peligro es verdad, pero el PCC nunca ha dejado de estarlo.

Ese no es el POLO en el cual he creído, entre otras cosas porque estaban personas como usted y  Como el maestro Gaviria a quienes consideraría, si pudiera devolver el tiempo, incapaces de votar la
expulsión del Partido Comunista del POLO.

Pero el tiempo no se puede devolver y corre a favor de las y los que creemos en la unidad para la Paz y para la Justicia. Por eso estoy en la Marcha. Y desde la Marcha sueño, soñamos muchos y muchas, con un país en donde las organizaciones sociales se unan y se movilicen masivamente, como lo están haciendo, un país donde los y las más humildes, tengan escenarios donde hablar y debatir, y los están abriendo; un país donde la izquierda se una antes de que las gentes del común la rebasen.

Sueño con un país donde se vuelva a hablar de la PAZ sin sentir vergüenza por ello, sin tener que introducir, como lo hacen los conductistas de opinión, en cada discurso, en cada artículo, párrafos y párrafos de diatribas, antes contra la U P y ahora contra la Marcha.

No puede ser que el POLO deje de ser, como está sucediendo, el sueño de 2.600.000 personas y se reduzca a unas y a unos dirigentes sin pueblo.

Patricia Ariza.