Resumen sesión 18 FEBRERO 2014

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Memoria, Trauma y Trabajo de Elaboración

Una mirada desde Sigmund Freud

Nancy de la Hoz

Estamos familiarizados con la utilización sistemática de la fuerza para incidir en los conflictos sociales, pero no lo estamos tanto en la utilización de dispositivos psicológicos. Por ejemplo, la justificación de prácticas autoritarias, la negación y naturalización de la violencia, son el resultado del control y dominio de la subjetividad, elementos bien conocidos hoy de la guerra psicológica. Manipular los procesos de significación y búsqueda de sentido ha requerido del desarrollo de un clima social de miedo, desconfianza, rabia e impotencia colectiva. Surgen entonces dos preguntas, en el contexto de la guerra psicológica y trauma social; ¿resulta viable la reconstrucción identitaria? Y, ¿cómo vincular estos procesos con la toma de conciencia? La respuesta implica desplazarse al nivel de la estructura psíquica, lo que justifica adentrarse en la obra de Sigmund Freud. Estos son algunos de los elementos que el autor recoge en Memoria, Trauma y Trabajo de Elaboración.

La base del análisis psicológico incorpora los siguientes conceptos: Representación, sistema consciente e inconsciente, represión, trauma, trabajo de elaboración. La discusión conduce a la formulación de teorías sobre pensamiento y mente, dejando abierta la puerta a nuevas, complejas y fascinantes investigaciones psicoanalíticas, que siguen hoy generando nuevas ideas y pensamientos dentro del quehacer analítico y las ciencias aplicadas.

El término Representación, creado por Freud, designa lo que orienta el curso de los pensamientos. Freud crea el concepto de consciente e inconsciente para poder explicar que existe una finalidad, que garantiza concatenación entre los pensamientos, y que viene determinada de acuerdo a la atracción que existe de una representación sobre la otra.

Esta formulación, llamada la Primera tópica, necesitó de otro concepto, la catexia. Una "atracción" que hace a la representación más permeable a otra, para enlazarse; o hace más permeable las vías que conducen a ella. Las representaciones son, en sí mismas, elementos inductores capaces de organizar y orientar el curso de las asociaciones. En esta teoría existen variantes de representación, dos tipos de representaciones que trae el autor son la representación-cosa y la representación-palabra. De acuerdo a esto, la capacidad de representación de cada uno de los sistemas es diferente; para inscribirse en el consciente se debe enlazar la palabra y tiene que ver con la toma de conciencia, mientras que en el inconsciente permanece "la cosa" en sí misma. La idea de representación-cosa parte de la consideración de Huella mnémica (Memoria) y tiene que ver con una catexis, de la cual se invisten las imágenes. Por lo tanto el lenguaje del inconsciente son las imágenes.

Existe entonces, una supremacía de lo auditivo sobre lo visual en el sistema consciente; el lenguaje del inconsciente es visual y el del consciente auditivo, pero hay más que la diferencia entre aparatos sensoriales, tiene que ver con el paso del proceso primario de pensamiento al proceso secundario, la toma de conciencia, y la articulación de los símbolos lingüísticos verbales como forma privilegiada en la construcción de sentido.

Esta construcción se inicia con el ingreso, desde el sistema inconsciente (memoria de largo plazo), de las memorias antiguas; continúa con la carga o la investidura de emoción y, finalmente, el trasladado a una narrativa que siempre tiene sentido histórico-social o socio histórico. Implica interacción de la persona con sus contemporáneos y predecesores. Una vez se da el paso al consciente, la representación inconsciente cambia. De otro lado se espera que la representación consciente que ya sido ligada a la palabra resulte en un acto creativo susceptible de ser inscrita en un sistema o red de sentido cuya presentación es narrativa en este punto se agrega la cualidad emocional solo así tendrá valor para ingresar en el sistema de memorias solo se puede recordar lo que tiene sentido de ahí que cambiar, eliminar o interferir con el sentido delas cosas implica olvido.

Represión: Operación por medio de la cual el sujeto intenta rechazar o mantener en el inconsciente representaciones, pensamientos, imágenes o recuerdos ligados a una pulsión.

Destino de las pulsiones: Las pulsiones (proceso dinámico que hace tender al organismo hacia un fin, tiene su fuente en la excitación corporal; su fin es suprimir el estado de tensión) pueden ser reprimidas o convertidas en lo contrario, pero deben siempre ser satisfechas. Si lo anterior no ocurre estas incluso pueden ser indeseables

La dinámica entre estas instancias consciente e inconsciente mediadas por la represión, lleva a Freud a formular el concepto de compulsión a la repetición. Es importante, porque explica que el fracaso de significar, de hacer consciencia, lanza la persona a repetir incesantemente actos que no entiende pero padece; es la repetición de experiencias con la impresión muy viva de que se trata de algo plenamente motivado en la actualidad. Es importante, también, porque el poder de lo reprimido, lo lanzado al inconsciente, se expresa por actos, es el pasaje al acto. ¿Qué interés puede esto tener en lo social? Se desprende de estos hechos, que solo sujetos con capacidad de representarse el mundo con y desde los otros podrá construir sentido, narrativas, Historia, esto es, tejido social, por lo tanto, muchos de los dispositivos de la guerra psicológica están destinados a destruir la memoria, la singularidad y el significado de la relación intra e inter subjetivas con el efecto del trauma social masivo.

Otro aporte de la teoría freudiana es la Teoría del trauma, que está definido como la inundación de la psique por un monto de estímulos, cuya naturaleza impide cualquier ligadura, por lo tanto, la desborda; lo postula, Freud, como el quedar expuesto al desamparo y pasividad total; se requiere la ruptura de la barrera contra los excesivos estímulos, así es imposible captar el sentido de la experiencia. Si esto ocurre, no es posible la rememoración como tal. Tenemos entonces, síntomas consistentes en emociones no ligadas, memorias fragmentadas, angustia, imágenes, sensaciones innombrables, incomprensibles, que acompañan a estados de insomnio, imposibilidad de dormir y soñar, que es la imposibilidad de pensar, pérdida de energía, etc.

En el caso de las catástrofes sociales, la inyección de terror en el evento traumático conlleva los mismos elementos de pasividad y desamparo, pero de una comunidad; el resultado es la desarticulación de procesos sociales, cambio de relaciones sociales. Se pierde el sentido del mundo y se establece el olvido, el silencio; tampoco las narrativas, noticias o alusiones se encuentran.

Tanto en lo individual como en lo colectivo, se pierde el sentido de la relación con los otros y se daña el tejido social; esto porque, todas las emociones, se viven y se enlazan en función de otros según, lo ya visto con la teoría de las catexias; el organismo individual y social queda inscrito en la compulsión a la repetición, como elemento fallido de la búsqueda del sentido perdido. La expresión del trauma, a nivel social, ligado a la compulsión a la repetición producto del trauma es conocido como pacto denegativo y consiste en la exclusión de toda referencia a suceso traumático, en este caso para llegar al olvido se requiere la destrucción de toda asociación o "retoño” de la “escena” reprimida.

Elaboración: Término utilizado por Freud para designar, en diversos contextos, el trabajo realizado por el aparato psíquico con vistas al controlar las excitaciones que le llegan, cuya acumulación ofrece peligro de convertirse en patógena; este trabajo consiste en integrar las excitaciones en el psiquismo y establecer entre ellas conexiones asociativas. En ese sentido, el trabajo elaborativo está íntimamente ligado a la posibilidad de acción éticamente responsable y de juicio crítico, que tiene que contrarrestar la experiencia de victimización y los afectos paralizantes del trauma; a nivel social, implica el reconocimiento de los actos denegativos, por ejemplo, tendría que reconocerse que existió el arrasamiento de la verdad, lo que tiene sentido en el caso colombiano de determinar las verdades históricas sobre la victimización. Posteriormente, y logrado esto, se daría la reconstrucción, que no es la recuperación anterior exacta de los hechos -cosa imposible-, sino su inserción en el sentido actual, en el presente; la memoria no es reproductora sino creativa. El autor nos trae, en este punto, el concepto de Resiliencia, que significa una cierta invulnerabilidad o capacidad de retornar al estado anterior al trauma, como en los metales o cerámica, que recuperan su forma luego de los procesos de fundición o modelación: es llamado también llamado memoria. Esta construcción teórica tiene como fin decir que no ha habido daño, porque no hay sujeto susceptible de ser dañado y cierra la posibilidad de elaboración: contribuye así a los procesos denegativos.

Una alternativa al proceso denegativo es el intentar cambiar la versión correcta de la Historia, reinterpretando o inscribiendo otro suceso en el “hueco de olvido” logrado con el trauma social, cambiando el destino de la Historia; un ejemplo de ello, lo tocamos en semestres pasados con el análisis sobre hechos históricos que hizo Medófilo Medina, sobre los orígenes del conflicto armado Colombiano, alrededor de líderes como Juan de la Cruz Varela y el paro de 77, postulados como los nuevos mitos tendientes a contrarrestar la figura de Manuel Marulanda y los hechos de Marquetalia. De ahí la importancia de los discursos oficiales, por ejemplo, para el caso de la violencia en Colombia, se pretende ligar sentidos a la propuesta de "ausencia de Estado, que ha hecho que grupos subversivos se asienten en el territorio, impongan su ley, y esto a su vez, ha generado que otros sectores de la sociedad se organicen como autodefensas; los demás somos víctimas en medio del fuego cruzado"; este discurso llena el hueco del sentido de la lucha de clases como motor y causa de la guerra.

 

El trabajo de elaboración, como proceso histórico-social, se vincula a la lucha por restablecer un mayor nivel de autodeterminación o la posibilidad de darnos ley. La preservación del discurso que organiza una sociedad son sus leyes, es decir, sus costumbres, es decir su ética; la calidad simbólica de una sociedad deviene de la significación del pasado reprimido y la capacidad de hacerse éticamente responsable por las consecuencias pasadas, presentes y futuras (de esto trata el Malestar en la cultura, descrito por Freud); la elaboración exige el reconocimiento del daño, reconocimiento de la denegación y acogimiento de la verdad. Finalmente desmarcarse del olvido y la venganza, escribiendo una memorización, combatiendo las justificaciones y, finalmente, dirigiendo el sistema represivo de justicia hacia una mayor equidad. Los grupos humanos siguen siendo susceptibles a una regresión inducida, que en corto tiempo, logran terminar con miles de años de civilización.