Sesión marzo 04/14

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LA LÓGICA CONCENTRACIONARIA

Daniel Feierstein

El genocidio como práctica social.

Elaborado por Evaristo Thomas

La experiencia del nazismo desarrolla un nuevo tipo de nazismo, lo que denomina el autor “genocidio reorganizador”, que utiliza como herramienta el dispositivo concentracionario.

Feierstein, pone como ejemplo el caso argentino en donde se experimenta con el “genocidio reorganizador” como modo de destrucción y refundación de relaciones sociales y de lo que se conoce como “proceso de Reorganización Nacional”. El objetivo principal del autor es explicar el “genocidio reorganizador” en su faz “concentracionaria” analizando los efectos materiales y simbólicos del dispositivo “campo concentracionario” y los modos de confrontar con algunos de sus efectos. La fuente fundamental serán los sobrevivientes del caso argentino y los del nazismo.

En el caso del nazismo, las víctimas no fueron escuchadas hasta muchos años después de su aparición. Los aparecidos argentinos, también fueron sometidos  a la sospecha de colaboración y al ostracismo, o solo se les consideraba como máquinas habladoras encargadas tan sólo de testimoniar el horror y a quienes se les exigía que mantuvieran silencio sobre su actividad política. El capítulo pretende rescatar la voz de los sobrevivientes, sin la cual no sería posible entender la experiencia concentracionaria.

LAS CARACTERÍSTICAS PECULIARES DEL GENOCIDIO REORGANIZADOR: ACERCA DE LOS MODOS DE DESTRUCCIÓN Y REARTICULACIÓN DE RELACIONES SOCIALES

La novedad del concepto radica en que su operatoria se dirige  hacia el interior” de una sociedad que ya se encuentra constituida. A diferencia del genocidio constituyente, no se propone crear un nuevo Estado nación, ni opera “hacia fuera” de la sociedad perpetradora. Por el contrario, el genocidio reorganizador se propone transformar las relaciones sociales al interior de un Estado nación preexistente, alterando los modos de funcionamiento social del mismo.

Es por esto que al caso argentino, se le puede enmarcar en este tipo de genocidio, ya que las muertes producidas por esta práctica social han alterado las relaciones sociales al interior de la sociedad.

De otro lado, el autor se refiere  a las prácticas sociales que hacen o no posible una construcción política determinada: la identificación del otro como un par, la indignación por la injusticia, la confianza en el semejante, la primacía en la solidaridad, el sentimiento de responsabilidad con respecto al otro despojado, la utopía y la hegemonía de las decisiones colectivas.

Con relación a lo anterior, lo característico de la construcción política se basaba en los sesenta y setenta en Argentina, en la generosidad y entrega de los militantes, la convicción de que una sociedad más justa fuera posible.

El proceso de “reorganización nacional” buscaba la atomización de la sociedad en una infinidad de reclamos particulares, en miles de caracterizaciones imposibilitadas de dialogar entre sí. Este individualismo en extremo es lo que sugiere O’Donell en la frase: ¿Y a mí que mierda me importa?, pero que en la etapa del postgenocidio cobra un sentido inverso; en donde lo que “no importa” es lo que precisamente ocurre al otro, hacia la posible solidaridad. En este sentido el autor propone que ciertas prácticas como la insolidaridad, la corrupción que se instala como práctica hegemónica, son consecuencia en parte, del genocidio reorganizador. En el cual el campo de concentración se configura como el dispositivo fundamental de este modo de actuar, de este procedimiento de transformación, destrucción y refundación de las relaciones sociales.

Por otra parte, Feirstein toma como ejemplo relación entre el cubito y el caldo social, es decir de los que habían vivido en un cubito (campo de concentración) y el caldo social en donde se traslada las prácticas, es decir el conjunto social. Según los sobrevivientes, esta sopa social reproduce con mayor o menor dilución, relaciones, reacciones y conductas individuales y sociales que deben tener relación con las del campo de concentración. Para el caso de la asociación de Ex detenidos Desaparecidos, son los aparecidos, cuya palabra fue negada durante 15 años, quienes convocan al conjunto social a los ausentes y que no estaban en el campo de concentración. En este sentido, estos ejercicios buscan el acercamiento entre los que estaban en el cubito y los que estaban en la sopa y entender la sensación de ajenidad, la separación entre quienes sufrieron la dictadura y la masa que al parecer no la sufrió. En especial un resultado fue entender la difusión de la desconfianza, como una de las prácticas fundamentales.

EL PODER CONCENTRACIONARIO COMO DISCIPLINAMIENTO SOCIAL

El campo de concentración opera de doble vía, hacia sus propios internados y hacia el conjunto social. Las técnicas del campo buscan quebrar a sus víctimas en tanto sujetos sociales, eliminar su capacidad de agencia. El quiebre que produce el campo es tanto individual, como social. El muerto en vida, el individuo que perdido capacidad de autodeterminación, sin anularlas completamente, sino mantenerlas en lo posible, siempre que garanticen obediencia y mantenimiento del orden.

Acciones que se encuentran presentes en la mayoría de los testimonios de las experiencias concentracionarias:

1. Anulación de la identidad: pérdida del nombre, su estatus, su condición social, redes sociales

2. Anulación de la percepción y la movilidad: anulación de la percepción física del entorno, de la capacidad de observar del entorno, prohibición de la movilidad espontánea. Silenciamiento.

3. La iniciación: papel del tormento. Tormento que tiene como funciones fundamentales:

Extracción de información

Ritual purificador: expiación de la culpa desde la lógica inquisitorial cristiana, objeto la asunción de la culpa

Modalidad de arrasamiento. El tormento como forma de doblegar el cuerpo, modo de desestructurar cualquier intento de persistencia de la propia identidad

4. Infantilización y animalización: destrucción de los principios más básicos de autodeterminación. En la lógica concentracionista se intenta que la víctima pierda el control de las funciones más básicas del ser humano

 

5. Impredictibilidad: imposibilidad de predicción del sentido de las propias acciones, procedimientos que buscan la desarticulación del detenido, la pérdida de todo marco de referencia, de toda vinculación a su identidad previa, a sus sensaciones. Se busca la adaptación, la anulación de la identidad contestataria.