Sesión marzo 11/14

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El genocidio como práctica social. “La lógica concentracionaria”

Cap. IX. Feierstein, Daniel.

Presentación: Sergio De Zubiría

Lugar: Colectivo Walter Benjamin

  1. La experiencia del nazismo puede ser analizada como la articulación de diversas modalidades históricas genocidas (constituyente; colonialista; poscolonial), pero es la aparición, por primera vez, de un nuevo tipo de genocidio, que Feierstein denomina “genocidio reorganizador”. Algunas de sus peculiaridades son: el papel del dispositivo concentracionario como herramienta fundamental de su operatoria; la destrucción y refundación de relaciones sociales. Existen grandes similitudes entre el genocidio nazi y el argentino, entre ellas, la existencia concreta de campos de concentración y la lógica concentracionista. El capítulo intenta mostrar las analogías entre estos dos genocidios del siglo XX.
  2. La lógica concentracionaria contiene cuatro características principales: a) El poder concentracionario como disciplinamiento social; b) Distintos tipos de “adaptación” al campo de concentración; c) Relaciones entre el “adentro” y el “afuera” de los campos; d) la lógica del “arrasamiento”.

El poder concentracionario ha sido analizado en la sesión anterior (Evaristo Thomas). Siempre opera de doble vía, hacia sus propios internados (un cubito) y hacia el conjunto de la sociedad (caldo social). A partir de los propios testimonios de las experiencias concentracionarias nazi y argentina, se constatan cinco mecanismos de disciplinamiento social: a) Anulación de la identidad; b) Anulación de la percepción y la movilidad; c) La iniciación y el papel del tormento; d) La infantilización y animalización; e) La imposibilidad de predicción del sentido de las propias acciones.

  1. Existen también, como en todo sistema de poder, resistencias, “líneas de fuga” y políticas de “destabicamiento social”. Posibilidades concretas para construir la contra-hegemonía.
  2. La “adaptación” a la institución concentracionaria tiene tipologías y límites. Un requisito para la supervivencia es la incorporación de gestos, conductas, temas de conversación y escalas de valores de los perpetradores/victimarios. Existen tres modalidades básicas de “adaptación” al campo: a) La adaptación total que implica la asunción plena de los valores del victimario. Esta adaptación es producto de la imposibilidad de soportar la tortura o el dolor, como también, previa a la agresión física directa o producto del terror a la propia situación concentracionaria. b) La “simulación, como un tipo de “adaptación” que logra simular la adopción de los valores del victimario y entabla una lucha subjetiva contra los mismos. c) La “muerte en vida” como la anulación física de las víctimas y su absoluta extinción subjetiva.
  3. Al estar dirigidos los modos de destrucción también hacia el conjunto social, y no exclusivamente a los internados, el dispositivo concentracionario establece vínculos entre el “afuera” y el “adentro”. Se trata, incluso, de disciplinar al conjunto de la población para desactivar su capacidad de protesta y resistencia. Unos de los mecanismos es crear campos de internación de disidentes políticos por tiempos breves, para mostrar autoridad y amenazar con el terror. Tanto el nazismo, como el caso argentino, conformaron centros de “atención” temporal en todo el territorio. Otras estrategias simbólicas son la remisión a la impotencia, la “disparidad de fuerzas” o la “inutilidad” de la acción.
  4. Tampoco la “adaptación” se limita a los internados, sino que se hace necesario buscar modos de “adaptación” del conjunto social. Feierstein llama a esta peculiaridad “derrota y confusión: la lógica del arrasamiento”. Uno de los objetivos principales es resignificar la derrota como imposibilidad de lucha y configurar estados colectivos de “confusión”. Convertir la posibilidad de la lucha en una “equivocación”, un error, un disparate, una locura. Las derrotas deben convertirse en equivocaciones y las confusiones en parálisis de la acción.

Tal como lo hace el terror, la resignificación de las derrotas y el estado de “confusión”, garantizan la parálisis de la acción política. Se interioriza la culpa del genocida, a través de esloganes como “si no hubiera habido lucha, no hubiera habido muertes”, “para evitar el horror, nunca más lucha”. Se pretende convertir a las víctimas en justificadoras del genocidio.

 

  1. Aún en una situación concentracionaria, bajo el arrasamiento subjetivo y en el caldo social de la reorganización genocida, siempre habrán resistencias y bases para consolidar proyectos contra-hegemónicos. Como lo ha señalado Foucault, en todo sistema de poder, “hay resistencias y, no obstante (o mejor, por lo mismo) estas nunca están en posición de exterioridad respecto del poder”. Algunos de estos focos de resistencia al poder, que abren posibilidades para conformar escenarios de contra-hegemonía, son: a) infinidad de gestos solidarios de los sobrevivientes; b) Infinidad de actos de sabotaje; c) Preocupación y responsabilidad por los semejantes; d) Recuperación de las autoestima; e) Ruptura de los tabiques simbólicos; f) Diálogos inter-generacionales; g) Recuperación de utopías emancipatorias.