SESIÓN DEL 9 DE JUNIO DE 2015

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Fragmentos de la Historia del Conflicto Armado

(1920-2010)

Alfredo Molano Bravo

Informe/Resumen preparado por Álvaro Botero C.

El autor caracteriza, de manera general, el conflicto armado colombiano, o la llamada Violencia, como de tipo agrario, es decir, que las luchas por la estructura de la propiedad del agro están en el centro del conflicto; esto implica que, tanto el modelo colonial hispano como el colonizador criollo, han sido las grandes fuentes originarias generadoras de violencia. Esto puede apreciarse si se superpone el mapa de la guerra con el de la expansión-colonización de la frontera agrícola, o de consolidación del latifundio, o, ya en el siglo XX, del monocultivo o cultivo extensivo propio de la agroindustria; es el caso de la caña de azúcar, arroz, algodón, banano y, ya más al fin de siglo, la Palma africana y la Coca.

Además,  otro vértice generador del conflicto, y estrechamente relacionado con aquél, es el que se refiere a la lucha por el control del Estado, tanto de sus recursos como de su destinación y de su burocracia. Un país que arriba al siglo XX aún en formación, se convierte en el gran empleador, tal vez el principal, en una economía como la nuestra, dependiente de la exportación de materias primas.

Como telón de fondo, está el ingreso de Colombia al mercado mundial; la destinación de los recursos por parte del Estado, se convierte así, en botín de los partidos tradicionales. Igualmente, el enriquecimiento exorbitante de los EE UU de América, tras la Primera Guerra Mundial, y su influencia hegemónica en el hemisferio.

Con esto nos acercamos al primer punto de análisis, o eje e interpretación, La cuestión agraria, que está, en sí misma, en el meollo de las confrontaciones entre las fuerzas que emergen tras las guerras de Independencia.

El partido Liberal alcanza el poder en la década de los años treinta, dando fin así a la época llamada de La Hegemonía Conservadora. Para afianzarse en el control del Estado, se apoya en las masas populares, por lo que intenta una Reforma Agraria, la primera del siglo XX, que modernizaría la producción agrícola y permitiría el acceso de nuestro país al mercado mundial del siglo XX. Este proceso se desarrolla a la par de la última gran colonización, la ocupación de terrenos en la frontera agrícola, hacia el sur, el oriente y el norte del país, es decir, Tolima, Huila, Cauca, los Llanos y el Urabá.

El país emerge de la Guerra de Los Mil Días con una estructura de la propiedad determinada por las conquistas en el campo de batalla, mayormente la consolidación de la propiedad de los grandes terratenientes conservadores, quienes igualmente iban aumentando sus propiedades anexando los terrenos baldíos, o incorporando las nuevas tierras colonizadas, mediante arrendamiento o parcelamiento. Los colonos veían así perdido su esfuerzo, abandonaban estas tierras, a causa del endeudamiento extremo, y partían en busca de nuevos territorios. La lucha por defender sus derechos se vuelve caballito de batalla para el Partido Liberal, quien legalmente intenta, con las primeras reformas de los años 30, reestructurar así la propiedad de la tierra.

El partido Conservador no iba a dejarse quitar por la Ley lo que había logrado en el campo de batalla, y empieza su intento por reconquistar el poder, mediante la persecución y eliminación física de quienes entorpecían sus afanes expansionistas, los colonos y pequeños propietarios rurales, base política identificada, como se sabe, con el liberalismo. Se emprende así una época de gran violencia en los campos, que coincide territorialmente con la expansión de la frontera agrícola.

Se inicia una “guerra civil no declarada”, que con el asesinato de Gaitán y la posterior conformación del movimiento (armado) gaitanista, llega a su clímax, hasta salirse de las manos para la clase dirigente colombiana, bajo el gobierno de Laureano Gómez (años 50). Una vez en esta encrucijada, una parte del liberalismo, en acuerdo con el Partido Conservador, pacta “borrón y cuente nueva” mediante una dictadura militar, el gobierno del General Rojas Pinilla.

Rojas, por su parte, se sabe dependiente de los partidos tradicionales, así que, una vez en el poder, inicia un proceso político de identificación Pueblo/Ejército, al estilo de los populismos del cono sur, tipo peronismo, que crea inquietud en las clases dirigentes, hasta ese momento conformes con la dictadura, sobre todo desde la ilegalización del Partido Comunista, y el exterminio de los reductos guerrilleros gaitanistas.

Una vez establecida esta amenaza, llegamos a nuestro segundo eje interpretativo: los partidos tradicionales, pactan la alternancia en el poder de sus cuadros dirigentes: El Frente Nacional; esto formaliza la exclusión del partido Comunista y demás corrientes ajenas a las Partidos tradicionales (incluida la recién creada ANAPO) del espectro político/burocrático, neutraliza el poder político del general Rojas y promete ser el fin de la Violencia, es decir, de la lucha partidista.

A raíz de la persecución desatada por las Guerrillas de paz del general Rojas y de los escuadrones de la muerte comandados por sus Pájaros, los reductos liberales se radicalizan y ocupan territorios nuevos de colonización, generando nuevas formas organizativas, tanto política como económicamente (Las llamadas Repúblicas Independientes, por el Fascismo criollo). El desplazamiento campesino se efectúa mediante Marchas Armadas, hacia nuevos territorios de colonización, como el Cañón de las Hermosas, entre Cauca y Tolima, y el Pato y Guayabero, y el territorio que posteriormente será conocido como Marquetalia, territorios estos, sobre todo los del Alto Cauca, con tradición de lucha por la tierra, desde los años de Quintín Lame.

El Frente Nacional eliminó, así, una de las causas del conflicto armado, la lucha en torno a la participación burocrática, es decir, el asunto del control del Estado y sus recursos, pero dejó sin resolver la otra, que resultó ser más determinante, sobre todo desde los inicios de los años 60, con el advenimiento de la Guerra Fría, con el consecuente interés de los EE UU por el control de los ejércitos de la zona mediante la doctrina de la Seguridad Nacional, y los vientos revolucionarios provenientes de Cuba, Corea y Vietnam: el problema de la estructura de la propiedad rural.

Con esto se da inicio a otro tipo de conflicto armado, ajeno a la Violencia de los años 30-50, pero que se enraíza en ella: la violencia guerrillera, de carácter radical comunista, que desde inicios de la década de los años 60 inicia su accionar con un programa claramente político, pero ya no solamente por la reivindicación de los derechos de propiedad, sino con una clara vocación de la toma del poder; esta es la organización que se fortalece con el surgimiento del narcotráfico desde fines de los años 70 y que se enfrenta a los escuadrones paramilitares o ejércitos privados de los latifundistas, antes llamados pájaros o guerrillas de paz, pero que, por la vinculación de los políticos regionales y gamonales con la industria de la Coca, confirman ahora ejércitos de mercenarios como las Autodefensas de Carlos Castaño, cuyo germen se encuentra en el impulso que a las Convivir confiere el gobernador de Antioquia, AUV, entre 1995 y 1997.

Claramente, la Responsabilidad se carga toda hacia las clases dirigentes, pues el origen de la estrategia de la guerra para resolver sus conflictos políticos, territoriales y económicos se hace común durante todo el siglo XIX y, a diferencia de lo que los Conservadores creían, las guerras civiles no dejan en la práctica una vencedor claro; sin embargo, sí es evidente que es el Partido Conservador quien “se inventa” la Nación (Crea los símbolos patrios, como el Himno, la Bandera, el Escudo, etc.). No obstante, al organizar el país de espaldas a la modernización de Europa y los EE UU, con el énfasis en el catolicismo hispanizante, gobiernan mediante el terror, la exclusión y los privilegios de clase.

Otra gran parte der la responsabilidad del actual conflicto se debe a los intereses geoestratégicos de los EE UU, lo que conduce a tratar toda inconformidad social dentro del marco de la Guerra fría, la lucha entre Comunismo y Capitalismo; pero, incluso, con el fin de ésta, su injerencia sigue siendo directa mediante la Guerra contra las Drogas (Plan Colombia) y últimamente, ya en el siglo XXI, la Guerra contra el Terrorismo (Plan Patriota).

Finalmente, no hay una aproximación clara hacia algún tipo de implementación de alguna suerte de Justicia, o juicio de responsabilidades.

 

El texto es un tanto precario en cuanto a virtudes s argumentativas. Está escrito “tipo telegrama”, sin mayores bondades sintácticas y con escaso apoyo documental. La edición, por otra parte, no incluye los Anexos, en los que el autor se apoya en más de una ocasión.