Semanario

DECLARACIÓN POLÍTICA X CONFERENCIA NACIONAL FARC - EP

Atención, abrir en una nueva ventana. PDFImprimirE-mail

Escrito por Administrator Domingo, 25 de Septiembre de 2016 11:24

 

 

COMUNICADO PÚBLICO CUT SUBDIRECTIVA BOLIVAR, CONTINUAN LOS ATENTADOS CONTRA EL MOVIMIENTO SINDICAL EN CARTAGENA DE INDIAS. 6 Mayo 2016

Atención, abrir en una nueva ventana. PDFImprimirE-mail

Escrito por FUNDACIÓN WALTER BENJAMIN, COLOMBIA Sábado, 07 de Mayo de 2016 14:49

 

La violencia heredada del 'apartheid'

Atención, abrir en una nueva ventana. PDFImprimirE-mail

Escrito por FUNDACIÓN WALTER BENJAMIN, COLOMBIA Domingo, 31 de Enero de 2016 11:56

 

Lecciones desde Sudáfrica

Si se mira el proceso de paz de este país africano, son muchas las similitudes con el que se inicia en Colombia.

Lecciones desde Sudáfrica

Por: César Rodríguez Garavito, especial para El Espectador/Johanesburgo

La paz duró hasta cumplir la mayoría de edad. Con la masacre de 34 mineros huelguistas a manos de la policía hace un mes, Sudáfrica revive los recuerdos de las matanzas del apartheid.

Dieciocho años después de la transición a la democracia, el aire que se respira aquí es una combinación tóxica de perplejidad y angustia. Todos parecen preguntarse en qué momento la paz que inspiró a tantos alrededor del mundo —la de Mandela y la Comisión de la Verdad y la Reconciliación— se vino a pique hasta morder el polvo en Marikana, en la esquina noroccidental del país, donde están las minas de platino más grandes del mundo.

“La herencia del apartheid nos persigue como un espectro”, dijo la Nobel de Literatura Nadine Gordimer en un festival cultural celebrado poco después de la masacre. “En nuestra lucha contra el apartheid, ¿alguna vez se nos ocurrió cómo serían las cosas 20 años después de la llegada de la democracia?”.

 

La pregunta se alza como un espectro no sólo en Sudáfrica, sino en países como Colombia que buscan lecciones para sus propios intentos de terminar la guerra. Entender a Sudáfrica hoy es advertir lo que puede salir mal en una transición. Y lo que es preciso hacer desde ahora para evitarlo.

La escena es de no creer. Frente a las cámaras, los tanques de la policía rodean al grupo de trabajadores que, palos y machetes en mano, protestan por los bajos sueldos y las paupérrimas condiciones de vida que tienen en la mina de Lonmin, la multinacional inglesa del platino. De pronto se oye el traqueteo de las metralletas policiales; en seguida caen las siluetas de los mineros entre la polvareda, como fichas de un dominó que no se veía desde las peores masacres del apartheid en los años sesenta contra las multitudes negras que exigían el fin del régimen. Pero esta vez quienes disparan son policías negros también, miembros de una fuerza controlada por el gobierno del partido que lideró la lucha contra el apartheid y ha ganado todas las elecciones desde 1994 (el ANC).

Lo peor vino después. Todo indica que la mayoría de las víctimas fueron ultimadas a quemarropa, fuera de la mirada de las cámaras, como lo denunció el fotorreportaje de Greg Marinovich, ganador del Pulitzer.

Como el realismo mágico no es monopolio latinoamericano, la gota que rebosó la copa de lo verosímil fue puesta por la justicia sudafricana. Reviviendo una vieja ley usada por los supremacistas blancos del apartheid para aplastar cualquier protesta, la Fiscalía acusó de homicidio a 270 mineros que participaron en la huelga. ¿La razón? Al participar en la protesta provocaron la reacción de la policía, que a la vez desembocó en la tragedia, según la Fiscalía. El mundo al revés; Macondo en África.

El escándalo que siguió hizo que los cargos fueran retirados. Pero el daño ya estaba hecho. Tras Marikana estalló una ola de huelgas que amenazan a todo el sector minero. El gobierno de Jacob Zuma ya no puede contar con la reelección. El ANC no es el partido invencible de la liberación nacional. En las calles y en los medios se habla de la crisis de la constitución más humanista del mundo, de la desilusión de la democracia multicolor.

¿Qué salió mal? Los especialistas que entrevisto martillan sobre dos legados que la paz no resolvió: la desigualdad y la herencia de la economía minera.

Sudáfrica es el país más desigual del mundo. A la antigua élite blanca se suma hoy una pequeña élite negra que también se refugia detrás de los infranqueables muros de las residencias de lujo, estampados con los letreros ubicuos de las compañías de seguridad que advierten: “Se dará respuesta armada”. El coeficiente Gini corrobora lo que se ve en esta ciudad del apartheid social.

De modo que lo que explotó en Marikana fue la bomba de la desigualdad. La iniquidad que “está creando una caldera de gente pobre que se siente marginalizada”, como le dijo Zwelinzima Vavi, el presidente de la federación sindical Cosatu, al semanario Saturday Star. Después de todo, los 3.000 trabajadores que pararon la mina de Lonmin protestaban contra salarios de miseria. Exigencia elemental que no puede hacer el 36% de la población, que está desempleada.

El problema es que la transición a la paz se centró en los actos individuales de violencia y dejó para otro día la solución a la desigualdad: a la concentración de la tierra en pocas manos, las diferencias abismales en la calidad de la educación de ricos y pobres, los sistemas paralelos de salud. Ya lo había anticipado hace 10 años el reconocido africanista Mahmood Mamdani en su crítica a la Comisión de la Verdad y la Reconciliación, cuyo modelo ha sido exportado alrededor del mundo. Investigar, confesar y perdonar (o castigar) delitos individuales es esencial para llegar a la paz. Pero hace falta embarcarse también en una agenda de políticas sociales que desactiven la bomba social del conflicto. Lo mismo en Sudáfrica que en Colombia.

No es casual que la explosión haya sido en las minas. La locomotora minera pasó por aquí hace cien años, cuando los descubrimientos de los mayores yacimientos de oro del planeta cambiaron para siempre la geografía y la sociedad sudafricanas. Entre los cráteres del paisaje lunar de Johanesburgo se avistan aún, de vez en cuando, los buldóceres que raspan los últimos rastros del metal.

Pero en lugares como Marikana, en la región de Rustenberg, la locomotora minera anda a todo vapor. En los nuevos yacimientos de oro y platino se vive una fiebre extractiva similar a la latinoamericana. Y las disputas y sus protagonistas se parecen también. La huelga contra la inglesa Lonmin se extendió esta semana a la mina de platino de Anglo American, la mayor del mundo. El viernes, Xstrata anunció que cerraba temporalmente su mina en la misma región ante las amenazas de protestas y disturbios.

Los conflictos por los efectos ambientales y las condiciones laborales de la industria minera están en el corazón de la violencia posapartheid. Como tituló el semanario Mail & Guardian, Sudáfrica es hoy un campo minado. La razón es que “la industria minera tiene un legado de cien años por el que no ha pagado”, según lo reconoció un ejecutivo del sector citado por el periódico. Y agregó: “La industria y todo el país tendrán que ponerle la cara; de lo contrario, siempre habrá conflicto”.

De modo que, junto con las políticas contra la desigualdad, la historia sudafricana enseña que la paz duradera requiere políticas económicas y ambientales sostenibles. De lo contrario, al alborozo de la transición sigue la desilusión de las promesas incumplidas, la realidad de la violencia que rebrota.

Fue ese sabor agridulce el que quedó en el aire tras la conversación sobre la masacre de Marikana entre Nadine Gordimer y Mongane Serote, el viejo poeta y activista antiapartheid.

—¿Qué podemos hacer?, preguntó Gordimer.

—Tenemos que organizar una marcha —replicó Serote.

—La policía nos dispararía — replicó con sarcasmo la Nobel. Y terminó en el tono desencantado de la nueva Sudáfrica. “Los escritores no somos videntes. Andamos buscando el sentido de la vida. Qué poco hemos logrado en 18 años”.

 

Gobierno sudafricano busca proteger la minería

El gobierno sudafricano, inquieto por las consecuencias económicas que pueden provocar las tensiones sociales en el sector minero, anunció medidas para mantener el orden en la región de Rustenburg, al norte del país, en donde las mineras cierran uno a uno sus pozos de platino. “Los que procedan a reagruparse ilegalmente, porten armas peligrosas, se libren a la provocación o amenacen con violencia en las zonas concernidas serán tratados como se debe”, declaró el ministro de Justicia, Jeff Radebe, en una conferencia de prensa en que llama implícitamente a las fuerzas de seguridad a proceder al arresto de los que contravengan a las disposiciones. El sector minero sudafricano está perturbado desde hace cinco semanas por disturbios sociales. Este sector es el pulmón económico del país y contribuye al 9% del PIB y 19% si se le incluyen todas las actividades anexas. Representa, además, la mitad de las exportaciones del país.

   

Boletín Hermes

Atención, abrir en una nueva ventana. PDFImprimirE-mail

Escrito por FUNDACIÓN WALTER BENJAMIN, COLOMBIA Viernes, 05 de Junio de 2015 12:37

VER

 

¿Se Repetirá el Genocidio de la UP?

Atención, abrir en una nueva ventana. PDFImprimirE-mail

Escrito por FUNDACIÓN WALTER BENJAMIN, COLOMBIA Martes, 12 de Mayo de 2015 11:07

¿Se Repetirá el Genocidio de la UP?

Entrevista al Padre Giraldo

Contagioradio.com: Usted hace parte del Comité de memoria histórica, del conflicto y sus víctimas, usted escribió también uno de los ensayos, y justo ese tema del paramilitarismo del que se está hablando, es el tema crucial, también, según señalan las FARC, para llegar a acuerdos en el tema de las víctimas, o para que los acuerdos se hagan realidad. Sobre ese asunto, ¿usted está completamente de acuerdo en que debe abrirse una comisión de esclarecimiento específica, para el tema del paramilitarismo en Colombia?

Javier Giraldo: Sí, eso es super urgente porque lo que ha pretendido esta negociación entre el gobierno y las FARC, como uno lo puede deducir de todos los discursos del mismo gobierno, es que las FARC puedan pasar a una actividad legal y a una actividad política legal, pero si esto se da en esta situación en la que el paramilitarismo tiene una fuerza tan grande, yo creo que se va a repetir el caso de la Union Patriotica. Es decir, si se crea una nueva fuerza política en la que puedan actuar o participar los desmovilizados de las FARC, yo creo que se va a repetir el genocidio.

C: En las condiciones actuales, con la vigencia del paramilitarismo...

J.G: Exacto, porque el paramilitasimo está muy activo, muy fuerte, y lo que pasó en el año 86 fue eso, el paramilitarismo estaba muy fuerte y cuando se creó la Unión Patriótica, que era una alternativa política, pues, vino el genocidio. Entonces yo me temo, y no es un temor infundado e imaginado; ya van más de 80 de la Unión Patriótica que han sido asesinados. Entonces, eso muestra que ya están en marcha ese procedimiento. No es algo que uno se imagine, eso ya se está produciendo.

Entonces, yo veo muy difícil que se llegue realmente a un acuerdo de paz en esas condiciones; primero, yo creo que debe haber una comisión de investigación del paramilitarismo, eso no se hace tampoco de la noche a la mañana, eso investigar un fenómeno de estos y que tiene que ser una investigación muy concreta; ubicar dónde están actuando, cómo están actuando, ubicar cuáles son los factores que están permitiendo la actuación de ellos; eso no se hace de la noche a la mañana. Eso no es una investigación histórica, es una investigación actual.

Entonces, si después de esa investigación hay realmente voluntad de actuar sobre los factores que están permitiendo ese desarrollo del paramilitarismo, eso es otra cosa que lleva tiempo, eso no es fácil. Esos factores están muy relacionados con políticas de larga trayectoria del gobierno y de los últimos gobiernos. Entonces eso lleva mucho tiempo y no se ha comenzado a hacer eso.

C: ¿usted ve en los integrantes del equipo de paz del gobierno, o en el mismo gobierno alguna disposición para empezar a trabajar en ese sentido?

J.G: Desgraciadamente es lo que uno no ve, porque, por ejemplo, desde el trabajo de la Comisión histórica del conflicto, e incluso en nuestro trabajo,  pedimos que se abrieran ciertos archivos, se entregaran ciertos documentos y no fue posible. Entonces esa disposición del gobierno de permitir que se investigue un fenómeno como estos, exige que la apertura de muchos archivos y de muchos expedientes y de muchas informaciones que se consideran como reservadas, y uno no ve hasta el momento una voluntad del gobierno de hacer eso.

C: ¿Qué piensa usted de los hecho hasta ahora con el informe de la CMHCV?

J.G: Sí, pues el gobierno había adquirido un compromiso en la misma mesa de negociaciones de publicar inmediatamente este trabajo y de difundirlo ampliamente. Ya van muchos meses y no se ha cumplido con eso y parece que no hay voluntad de hacerlo. En varios comunicados de las FARC y de la mesa de negociaciones, ellos mismos se han quejado de que el gobierno parece querer sepultar ese informe  y han ido reclamando de una manera muy persistente que se cumpla ese compromiso.

Últimamente ha habido una polémica nacional sobre la importancia o la incidencia de ese informe. Algunos dicen que eso no sirvió para nada porque no señaló personas completas, y en ese sentido no hubo reacciones fuertes y se le ha silenciado, prácticamente, y yo creo que no se trataba de señalar personas concretas con nombres propios. Las tres preguntas que nos hicieron a los investigadores eran, primero: señale cuál es el origen del conflicto, segundo: cuáles son los factores que han contribuido a la persistencia del conflicto, y tercero: cuál cree que es el impacto que ha tenido el conflicto en la sociedad; y yo creo que a pesar de que había posicione muy contradictorias, sin embargo todos tratamos de responder a esas tres preguntas, y se trataba de ubicar el origen del conflicto y la persistencia del conflicto. Creo que un 70% hay personas que se han dedicado a analizar afondo, a leer a fondo esos trabajos y a sistematizarlos, y me han dicho, el 70% de las opiniones allí coinciden en que el origen del conflicto está en unas estructuras terriblemente injustas de esta sociedad, y una minoría que opina que no hay factores objetivos sino que fue un grupo de personas un poco desquiciadas que les dio por declararle la guerra al Estado sin ningún fundamento y ese es el origen del conflicto. Pero la inmensa mayoría del grupo opinamos, y con elementos de juicio muy fundados en estudios, en análisis económicos, sociales, que el origen del conflicto hay que buscarlo en unas estructuras injustas que han dado origen a ese conflicto.

C: Y por último, padre Javier, ¿qué hacer con todo esto que no se hace, que no se ha hecho, que parece que no hay voluntad, pero es necesario?. ¿Cómo, desde quienes creen, debe hacerse, trabajar, cómo empezar a caminar en ese sentido?

J.G: Bueno, hay algo que a mi me ha preocupado, y es que en toda esta negociación el gobierno ha rechazado muchisimas propuesta interesantes y bien fundamentadas que han hecho las FARC para solucionar algunos de estos temas que están en la agenda y el eslogan del gobierno siempre ha sido: "el modelo no se puede tocar", el modelo económico, político, no se puede tocar, y por eso ellos han rechazado muchas propuestas que uno las ve bien fundamentadas y urgentes, pero el gobierno siempre dice: "no estamos discutiendo el modelo económico y político". Entonces yo veo ahí un obstáculo bastante grande para que el proceso de paz; realmente de frutos, en el sentido en que vayan a incidir en factores muy importantes de la violencia.

Entonces yo me he preguntado qué hacer, también, y yo veo que si en las mesas de estas negociaciones no se permite tocar el modelo y estamos muy convencidos de que el modelo es la raíz más importante de la violencia, si eso no se toca, pues la violencia no va a cambiar.

Entonces me parece que es el momento en que los movimientos sociales, que sí pueden tocar el modelo, se unifiquen alrededor de unos puntos fundamentales para incidir en las causas de la violencia, y que formen un bloque común para abrir otro espacio de negociación que es la sociedad civil y sobretodo los movimientos sociales.

   

Página 1 de 7