Colectivo Comunista

COMUNICADO FARC-EP

Atención, abrir en una nueva ventana. PDFImprimirE-mail

Escrito por FUNDACIÓN WALTER BENJAMIN COLOMBIA Lunes, 14 de Noviembre de 2011 08:53

 

La caída en combate del Comandante Alfonso Cano,


Secretariado del Estado Mayor Central de las FARC-EP

La muerte en combate del Camarada y Comandante Alfonso Cano enluta al conjunto del movimiento anti imperialista mundial, a todas las víctimas de la explotación capitalista, al movimiento universal por el socialismo, a cada uno de los pueblos que alzan banderas de soberanía, dignidad y democracia. Aflige profundamente a toda la gente buena del planeta, particularmente en América Latina, el Caribe y Colombia.

También lacera en extremo las fibras más nobles de sus seres queridos. Para ellos nuestro abrazo solidario. Compartimos intensamente su pena, sabemos mejor que nadie lo que significa esta pérdida. Igual cariño adolorido extendemos a las familias de los demás combatientes que perecieron en los mismos hechos. Su sangre y sus vidas nos inspiran desde ya futuras victorias.

Las lágrimas de felicidad del Presidente Santos revelan que por obra suya cayó de verdad un grande, un portento de hombre, un revolucionario de talla histórica. Un formidable interlocutor del que había que deshacerse antes de cualquier intento de aproximación. Recogemos el guante. Como Manuel y Jacobo, Alfonso siempre supo ser un gran maestro. Y aprendimos de él.

Sus ideas y su genial conducción son parte del arsenal ideológico, político y militar de las FARC Ejercito del Pueblo. Nadie podrá jamás arrebatárnoslo. Su talento y actividad revolucionaria crecieron y maduraron a la par con nuestra historia. En los días de Marquetalia militaba ya en las filas de la juventud comunista. Hasta su muerte en combate, nada pudo distraerlo de la lucha.

Completó cincuenta años continuos de tropel contra el régimen, signados por una profunda capacidad de análisis y una envidiable coherencia ideológica y política. Bogotano sencillo y de fino humor, dirigente estudiantil y barrial, antropólogo de los tiempos duros de la Universidad Nacional, audaz militante clandestino, será eterno ejemplo del intelectual comprometido hasta la muerte.

Sus enemigos del imperio y la oligarquía jamás se cansarán de intentar desdibujar su obra con ruines expedientes. Al lado de su perfil político, el Camarada Alfonso Cano demostró poseer una elevada capacidad militar. Supo conducir primero los comandos conjuntos Central y Occidental y luego a todas las FARC, hasta el nivel que hoy en día aterra al militarismo fascista de Colombia.

Ellos saben muy bien lo que representamos las FARC. La expresión real de la organización y la lucha indoblegable contra la globalización capitalista. Somos un pueblo armado que denuncia y combate el carácter terrorista de su democracia de mercado. Miles y miles de mujeres y hombres que marchamos compactos en el camino a construir una nación y un mundo sin opresores.

Las reservas petroleras de Colombia, al ritmo que se piensan extraer, estarán agotadas por completo en los próximos cuatro años. Nos pretenden embrujar con la idea de que para entonces se habrá hallado suficiente crudo para otros tantos. Nuestro destino es ahorrar con nuestro crudo las existencias imperiales, y pagar con los ingresos los créditos para la infraestructura funcional al saqueo.
Obviamente los créditos serán suministrados por la banca internacional. Y para conseguirlos el país deberá comprometerse a realizar grandes y crecientes recortes al bienestar social de los colombianos. Reformas tributarias, al régimen de pensiones, laboral, en salud y educación. Semejante arremetida avanza ahora a toda máquina en el Congreso de la República.

El TLC y la apertura indecente a la inversión extranjera amenazan llevarse por delante lo más valioso del patrimonio humano, ambiental y económico del país. Gigantescos proyectos auríferos, carboníferos, turísticos, agroindustriales, bioenergéticos y agropecuarios, entre otros, además de expoliar nuestras riquezas, exprimirán impunemente la mano de obra en grados intolerables.

Se halla en acelerada ejecución un modelo de desarrollo inequitativo y antipatriótico, producto de las manipulaciones urdidas desde el palacio presidencial y los distintos ministerios, aprobado a pupitrazos por el poder legislativo y declarado exequible por las cortes, que no toma en cuenta en lo más mínimo la opinión del pueblo colombiano ni la de sus más inmediatos afectados.

Y a dicho modelo, empezado a construir décadas atrás con la violenta estrategia paramilitar, se lo presenta como la salvación económica del país, las locomotoras que nos sacarán adelante. En él se funden los más caros intereses del capital transnacional y de la corrupta clase dirigente colombiana, que medra con sumas fabulosas tras cada acuerdo y contrato celebrados.

No existen en Colombia espacios de discusión que tengan la capacidad de influenciar o determinar de algún modo las decisiones ligadas al modelo de desarrollo. Como quedó demostrado en las recientes elecciones locales, los partidos políticos han sido diluidos en mezquinos liderazgos personales CORRUPTOS y carentes de principios. Las fuerzas políticas que podrían discutir el modelo están minadas.
Sólo dos formas de lucha se oponen a él de modo corajudo y pertinaz. La lucha callejera en marchas y protestas, y la lucha guerrillera en las montañas. Las recientes disposiciones sobre seguridad ciudadana aproximan la primera de ellas a la delincuencia y le atribuyen penas de prisión. Al tiempo se nos exige la desmovilización a los alzados bajo la amenaza de la aniquilación total.

Tal es el marco en el que toma cuerpo el desesperado afán por rendir a las FARC-EP. Sabemos muy bien cuáles son los propósitos del Presidente Santos, enriquecer todavía más a los más ricos y hundir aún más en la miseria a los más pobres. Resulta en consecuencia de cardinal importancia tender los puentes necesarios para fortalecer, unificar y defender las dos formas de lucha vigentes.

Movilización de masas y lucha guerrillera están llamadas a converger en un haz estratégico, la solución política al conflicto que se libra en Colombia. La guerra no es más que la determinación imperial y oligárquica de cerrar todos los caminos de la oposición a sus planes de despojo, el mazo con el que las clases dominantes esperan aplastar la inconformidad.

La resistencia heroica de la insurgencia colombiana, al igual que la voz en alto del pueblo movilizado en la protesta, no pueden cesar con un falso llamado a la negociación y el consenso. Cualquier intento de desmovilizar la lucha popular sin la concertación de soluciones que erradiquen sus causas estará llamado al fracaso. No puede haber paz con represión y hambre.

Las FARC-EP rendimos sentido homenaje a la memoria de nuestro Comandante Alfonso Cano. Por nuestro pueblo y por él, nos comprometemos a persistir en la búsqueda de la solución política hasta alcanzar una paz democrática con dignidad y justicia social. La voz de estudiantes, trabajadores, campesinos, comunidades indígenas y negras, desempleados, pensionados, mujeres y clases medias agobiadas tiene que ser escuchada y atendida en Colombia.

Con el camarada Alfonso recordamos a los ilusos:

“Desmovilizarse es sinónimo de inercia, es entrega cobarde, es rendición y traición a la causa popular y al ideario revolucionario que cultivamos y luchamos por las transformaciones sociales, es una indignidad que lleva implícito un mensaje de desesperanza al pueblo que confía en nuestro compromiso y propuesta bolivariana”.

Comandante Alfonso Cano!!!

Morir por la Patria es vivir para siempre!!!

Secretariado del Estado Mayor Central de las FARC-EP

Noviembre de 2011

http://insurgenciafariana.blogspot.com/2011/11/la-caida-en-combate-del-comandante.html

 

 

TESIS NO COYUNTURALES SOBRE LA CONYUNTURA ELECTORAL

Atención, abrir en una nueva ventana. PDFImprimirE-mail

Escrito por FUNDACIÓN WALTER BENJAMIN COLOMBIA Miércoles, 02 de Noviembre de 2011 20:53

(En construcción)

Sergio De Zubiría

Colectivo Walter Benjamin

I. Se profundiza la tendencia al debilitamiento de la política en su función de articulación y organización del sentido social, colectivo y público. Más de dos décadas de contra-reformas neoliberales han afectado sensiblemente la dimensión de la política. Manifestaciones relevantes de esta tendencia son: a. Una profunda desideologización en la relación con la política y los partidos; b. Predominio del individuo, caudillo o marketing, sobre los programas ideológicos; c. Alianzas entre candidatos y partidos, improbables en épocas anteriores y sin ningún tipo de principios; d. Política comprimida en segundos o imágenes, que impide su naturaleza teórica; e. Simplificación demagógica y populista.

II. Los partidos y movimientos de izquierda en Colombia no han logrado revertir la tendencia al debilitamiento de la política y los campos emergentes hacia una concepción política alternativa son todavía débiles. Algunas manifestaciones incipientes son: a. Transformación de las agendas en políticas públicas y expansión de las fronteras de la política institucional; b. Luchas por resignificar las nociones de participación, ciudadanía y democracia; c. Intentos de superación de las reivindicaciones inmediatas hacia luchas contra-hegemónicas.

III. Existen tensiones y dilemas entre la progresiva acumulación de la lucha social y de masas en Colombia y su manifestación directa en la lucha electoral. No existe correspondencia entre un relativo ascenso de la conflictividad social y su expresión en el campo electoral.

IV. Los partidos políticos enfrentan una aguda crisis de representatividad y legitimidad. Una crisis multiforme que toca sin excepción a todos los partidos políticos en Colombia. Los síntomas notorios son: a. Pérdida de credibilidad en las instituciones partidistas y vinculación por intereses exclusivamente individuales; b. Desconfianza en las virtudes públicas del ejercicio práctico de los partidos; c. Gestión de intereses en el corto plazo; d. Conversión progresiva de los partidos en micro-empresas de intereses individuales; e. Pérdida de la autonomía de los partidos frente a otros poderes exógenos; f. Limitaciones en los procesos de participación democrática; g. Profundas dificultades en la “sostenibilidad” de nuevas fuerzas y terceros partidos.

V. Aunque los directores de los partidos en Colombia hacen ingentes esfuerzos para mostrar que “ganaron” en las recientes elecciones, la realidad cotidiana está mostrando que es muy difícil atribuir al partido los indicios de avance o triunfo. Sus causas responden a maquinarias, personas, caudillos o circunstancias favorables, pero no a la ideología o coherencia del partido.

VI. El análisis de los resultados electorales debe diferenciar el nivel nacional, regional y local. Tanto para determinar la situación del bloque de derecha en el poder como las expresiones de tendencias de izquierda son necesarias estas diferenciaciones. No podemos convertir la situación de Bogotá en un paradigma del análisis nacional/regional. Por ejemplo, a nivel nacional no se consolidan tendencias estructurales de largo o mediano plazo. Aunque existen titulares de prensa que plantean el triunfo de la derecha santista o el colapso del uribosantismo o un aparente escenario político completamente nuevo o un reagrupamiento de los partidos tradicionales, consideramos que no son nítidas las tendencias estructurales a nivel nacional.

VII. El nombramiento de Petro en Bogotá representa la eficacia simbólica de las campañas anti-corrupción frente a los escándalos de la administración de Samuel Moreno. En un clima de desideologización, lógicas amigo-enemigo, estereotipos malos-buenos e individualización de la política, se premia la figura “justiciera”. Un ejercicio de la propaganda como estímulos psicológicos dirigidos a un auditorio ávido de venganza; la propaganda como forma de satisfacción de un deseo. En la última etapa de campaña utilizando componentes emotivos como el amor y la familia. Desde esta perspectiva, podemos afirmar, que continúa su discurso moralista contra las mafias que le ha producido visibilidad.

VIII. La trayectoria biográfica de Petro y sus discursos ideológicos no posibilitan caracterizarlo como un representante de la socialdemocracia o el centro-izquierda. Un análisis detallado de su programa de gobierno para la alcaldía evidencia su progresivo distanciamiento de la socialdemocracia y de la izquierda. Hace parte de ese conjunto de personas que ven con desprecio las posturas de izquierda e iniciaron ese distanciamiento hace ya varios años. Tenemos distancias de principios con su posiciones ideológicas en aspectos centrales: su reconocimiento público de los resultados de la política de “seguridad” del gobierno Uribe; su ofrecimiento de perdón a los paramilitares; su posición frente al TLC y la instalación de bases militares en Colombia; la simplificación del conflicto colombiano con la demagógica afirmación de la “asfixia democrática” de la insurgencia; su posición ante el gobierno Santos y la defensa irrestricta de la ley de víctimas y tierras; su concepción de los problemas estructurales de la ciudad de Bogotá; su programa de gobierno para la ciudad; etc.

IX. Determinar en el momento político actual una especie de “oposición constructiva” o un diálogo inmediato con el nuevo alcalde agravaría el maremagnum de equivocaciones del PDA y PCC. Además de inoportuno en la coyuntura actual, contribuye a la pérdida de identidad y perspectiva de la izquierda en la etapa política. Los motivos principales de la impertinencia de una decisión de este tipo son: a. La prioridad es la recomposición interna de la unidad de la izquierda dentro del PDA; b. Impide el abordaje de la crisis con espíritu autocrítico y con la temporalidad necesaria; c. Facilita el oportunismo, el facilismo y el inmediatismo de ciertos sectores del PDA; d. Limita la identidad como único partido de oposición del PCC y el PDA; e. Incita posibilidades de desatención de la lucha social en ascenso.

X. El retroceso electoral del PDA es la expresión de una cadena de desaciertos en la conducción política del movimiento, desde el II Congreso del PDA. Los síntomas de esta crisis han sido bastante diagnosticados por los sectores de izquierda, pero no han existido cambios en la práctica política real y la izquierda no ha tenido la capacidad de promoverlos. La crisis abarca aspectos organizativos, políticos, ideológicos y de la cultura política cotidiana. En el campo organizativo ha predominado el copamiento del aparato y la inexistencia de comités de base. En la dimensión política prima el “parlamentarismo”, la política por las “alturas” y la desconexión con las luchas sociales. La preocupación por la formación ideológica y educativa ha estado ausente de la proyección estratégica. En la vida cotidiana se fomenta el inmediatismo, el oportunismo, el personalismo y el desconocimiento de la democracia real. La actitud general ante fenómenos de descomposición, burocratización y corrupción ha sido errática. Los resultados cuantitativos son graves y muestran una clara tendencia al retroceso electoral. En gobernación se perdió la obtenida en 2007 y se disminuyó de 685.828 a 169.090. En alcaldías se pasó de 21 a 8; con una disminución de 1.368.618 a 282.494. En asambleas pasamos de 23 a 7 diputados y la votación descendió de 592.425 a 482.822 votos. Mientras en 2007 se eligieron 393 concejales, este año la cifra es 154 concejales. Con una disminución de 805.198 a 594.920 votos este año.

XI: Los interrogantes profundos que se formula la militancia del PDA necesitan una respuesta pronta y profunda. En épocas de crisis se palpa la profundidad espiritual de las sociedades. Walter Benjamin acostumbraba a reiterar un criterio sencillo: el valor espiritual de una comunidad son sus preguntas. ¿Se trata de una crisis de la dirección política del PDA o una crisis del proyecto mismo? ¿es posible redireccionar el PDA a partir de la unidad de la izquierda colombiana? ¿el programa de Petro representa en algo una posición de izquierda? ¿en la etapa actual es conveniente algún tipo de acuerdo con el gobierno de la ciudad de Bogotá? ¿Qué caminos seguir para mantener en Colombia una oposición radical al modelo de Estado y ciudad que intentan imponer los sectores dominantes? ¿Qué responsabilidad tiene el PCC en la profundización de la crisis de la izquierda?

 

“América Latina” y el primer reordenamiento del mundo moderno/colonial

Atención, abrir en una nueva ventana. PDFImprimirE-mail

Escrito por FUNDACIÓN WALTER BENJAMIN COLOMBIA Martes, 05 de Abril de 2011 11:52

Walter Mignolo[1]

Antes de entrar en el resumen del capítulo 2, propiamente, es preciso hacer un par de aclaraciones, para entender el horizonte conceptual de los Estudios Poscoloniales dentro del cual se moverá la discusión, y que aparecen en el Prólogo.

Separar las palabras de las cosas. Es muy común en nuestros días dar por sentado algunas cosas, conocimientos, puntos de referencia. Algo tan elemental como los Continentes, los Mares, La Luna y el Sol, son datos autoevidentes que no parece que ameritaran la mayor reflexión. La conformación de los continentes, por ejemplo, la división de la Tierra en cinco, o siete, según se mire, nos parece algo de lo más natural. Igual sucede con las palabras que los nombran, su organización jerárquica, su importancia geopolítica, todas son realidades cotidianas, pero se olvida que, como tales, están históricamente determinadas, por lo tanto son susceptibles de interpretación, renovación y cambio. América Latina no es, ni mucho menos, un continente que estaba ahí, y al cual llegaron los europeos y, cumpliendo su designio divino, trajeron la civilización, la cultura y el progreso.

Este es precisamente el punto en el que la Filosofía Crítica se entrecruza con esta corriente de estudios, y se constituye, a la vez, en herramienta y punto de partida. Porque no se trata de reflexionar acerca de los contenidos, de lo acertado o no de una determinada visión, sino de abordar el estudio al estilo netamente kantiano de vislumbrar las condiciones de posibilidad de un hecho, un fenómeno o un suceso histórico particular. No se trata, entonces, de voltear la carga argumentativa e hipostasiar el elemento indígena en el devenir histórico, por ejemplo, de lo que se ha dado en llamar América, de fundar algún tipo de indigenismo radical o contemporáneo. Más bien se trata de añadir al estudio de la modernidad su elemento escondido, pero que va aparejado con ella, el de la colonialidad. Estudiar los temas y la historia de los territorios marginales, subalternos, hasta ahora. Modernidad y colonialidad se constituyen, así, en dos caras de una misma moneda. La riqueza proveniente de las colonias juega un papel determinante en los sucesos que desembocarían en las revoluciones que cambiarían la estructura del poder en Europa y protagonizarían la expansión imperial europea de los últimos 500 años.

“La historia del mundo puede contarse de muchas maneras desde la perspectiva de la modernidad, pasando por alto la colonialidad.” Y, de hecho, así ha sucedido. Por eso, esta ha sido una historia incompleta, que disfraza y oculta una parte de la realidad, pues, como se verá, no es posible entender la modernidad sin su correlativo de colonialidad. Ambos implican una y misma lógica política, económica, incluso espiritual.


El texto que nos convoca, pues, se desarrolla en cinco secciones. Un punto de no retorno: Del Pachakuti a la revolución; La latinidad: del “ethos barroco criollo colonial” al “ethos latinoamericano criollo nacional”; El quinto lado del pentágono étnico-racial: los “latinos” en Europa del sur y en América del Sur y el Caribe; El colonialismo, la ideología oculta de la modernidad y “América Latina”: la reconfiguración de la lógica de la colonialidad, y, finalmente, Las muchas caras de la “latinidad”. Pero nosotros nos ocuparemos solamente de dos o tres puntos de este menú.

El proceso sin precedentes vivido en ambos lados del Atlántico entre 1776 y 1830, es el resultado de una dinámica iniciado siglos antes, en el XVI, y que construyó la modernidad: “revoluciones” en Europa y procesos de “independencia” en los territorios coloniales. Pero, para los habitantes de este lado del Atlántico, el proceso venía incubándose silenciosamente desde siglos atrás, y lo nombraron como Pachakuti. Este concepto fue acuñado por los habitantes del Tawantinsuyu, para designar los sucesos que se produjeron a raíz de la llegada de los conquistadores europeos a sus territorios. Las dos partes del término (PachaKuti) designan, a la vez, tanto el lugar como el hecho, la acción que “sacude” los cimientos del mundo conocido, un poco como una “revolución”: un proceso que estos pueblos han experimentado, y lo siguen haciendo, como consecuencia de la conquista española y que implicó una reorganización de la vida y del orden social. Sin embargo, nunca se ha considerado esta versión de la historia, por lo menos no de esta manera.

Así, los ‘cimientos’ que permitieron que los monarcas, burgueses y mercaderes europeos cumplieran con su supuesto destino, para los pueblos del Tawantinsuyu y Anáhuac fueron un ‘Pachakuti’: invasión violenta, destrucción despiadada (...) y, en suma, convulsión en todos los niveles de la existencia y momento fundacional de la herida del mundo colonial.” (77)

Sin embargo, la historiografía tradicional trata los dos procesos, las revoluciones europeas y la conquista y colonia del Nuevo Mundo, como eventos separados: “Europa siempre adelante, las colonias detrás.” (Ibíd.) Es indudable que con la Revolución Francesa se produjo un cambio político y económico radical en Europa Occidental, pero no lo es menos que ellos fueron complementarios de los producidos por la Revolución Gloriosa en Inglaterra, años antes. Los conceptos de ciudadanía, libertad individual y emancipación forjaron la manera en que habrían de pensarse las “revoluciones” del continente americano. Una de ellas, tal vez la más importante, se constituye con la Ilustración. Kant nos la presenta como “la salida del hombre de la inmadurez” (...) “ten el coraje de utilizar tu propio entendimiento” (¿Qué es la Ilustración?), es el lema kantiano. Así, cuando hablamos de decolonizar el conocimiento, lo hacemos al más puro estilo kantiano de pensar por nosotros mismos, de utilizar nuestra propia razón para enfrentar la realidad; en ese sentido, la Independencia de las colonias no logró sacar de la inmadurez a nuestras naciones; de ello se ocupa ahora “el pensamiento crítico de frontera, entendido como decolonización del conocimiento”.(80)

¿En qué momento la Confederación de naciones Hispanoamericanas de Bolívar se tornó en América Latina?

La segunda gran oleada de expansión imperial de las naciones europeas, durante la segunda mitad del siglo XIX, marcó el ingreso al escenario de los Estados Unidos como naciente potencia, dispuesta a ganarse un lugar dentro del grupo dominante. Las colonias españolas en América, emancipadas, buscaban su voz propia[1]. España, por diversos motivos que no es del caso ahora abordar, había ido perdiendo influencia como Imperio y, tras la guerra con la nación norteamericana, perdería sus últimas colonias en el Caribe y Filipinas; las potencias comerciales, Holanda e Inglaterra entraron a ocupar vastos territorios, India, norte de África e Indonesia; España, por el contario se quedaría del tren del progreso. Francia, como imperio en expansión, se propuso ocupar ese lugar y competir con las potencias del Norte de Europa. Con tal fin, contrapuso la latinidad, como herencia directa de Roma, a manera de factor identitario. Como país que se había adherido a la Reforma, Francia pertenecía al mismo grupo que Inglaterra y Alemania, pero, como se consideraba predominantemente latino, con una lengua románica y una herencia romana, históricamente se contraponía al mundo anglosajón (82). Incluso hubo planteamientos que presentaban la composición del continente como el de “las dos razas: galo-romanos y francos”. Así, la idea de latinidad (latinité), surge como un concepto francés que se utiliza para aglutinar a las colonias hispano y luso hablantes, quienes ya no se identificaban con España, símbolo de atraso y oscurantismo, sino con la Europa del Progreso, la de la Ilustración y la Ciencia.

Ahora bien, estudiosos como Wallerstein, nos apuntan que la llamada “modernidad” no tuvo su sistema simbólico propio, que este se forjó a partir de la Revolución Francesa y consistió en el trípode conservadurismo, liberalismo y socialismo. El autor llama nuestra atención diciendo que, desde el punto de vista imperial, esto es cierto... pero visto desde la otra parte de la ecuación, el de las colonias, esta es sólo parte de la verdad. Hace falta un cuarto elemento ideológico clave para poder comprender la “idea” de América Latina: el Colonialismo. Este es un elemento que siempre, epistemológica y políticamente, se ha considerado como un derivado, una consecuencia desagradable pero necesaria, con miras a construir un mundo mejor, de alcanzar el “progreso”. Pero esta cuarta categoría introduce una distinción fundamental para entender el imperialismo europeo desde el siglo XVI hasta después de la Segunda Guerra. Es la otra cara de la moneda del Imperialismo, así como la colonialidad lo es de la modernidad.

El colonialismo es el complemento histórico del imperialismo del imperialismo en sus distintas manifestaciones neohistóricas, así como la colonialidad es el complemento lógico de la modernidad en sus principios generales. La ideología del colonialismo se implementa por medio de la ‘colonialidad’, en tanto lógica de la dominación.” (106)

Para considerarse ellos mismos como parte de la latinidad, los colonizadores criollos de “América Latina” rearmaron la diferencia colonial, convirtiéndose ellos mismo en colonizadores internos, de indios y negros, y crearon su independencia ilusoria dentro de la lógica de la modernidad. En Europa, en cambio, las diferencias raciales no dieron lugar a un colonialismo interno, pues, al fin y al cabo, su lucha no era por librarse del yugo de un imperio que los explotaba (decolonización política y económica), sino la emancipación de una nueva clase social, la burguesa, y no de una población colonial de segunda clase. El nuevo escenario político estuvo constituido por diferencias de clase, no de raza. (110) Evidentemente, la clasificación racial y el colonialismo interno en nuestro continente lleva implícita una distinción de clase, pero este no es el principio clasificatorio, el de una clase social formada y determinada por su relación con respecto a los medios de producción, sino que depende de la estratificación heredada del colonialismo.

En el siglo XIX, la “idea” de América Latina tomó forma en el movimiento de las instituciones imperiales para obtener el control de los significados y del dinero, al amparo de una élite criolla deseosa de cortar el cordón umbilical con la Península Ibérica y unirse a losa imperios emergentes. Sin embargo, mientras que la vida y las instituciones de los europeos se configuraron en torno de la división de clases, en las colonias la vida y las instituciones seguían respondiendo al racismo. Y esto es cierto no sólo para las colonias francesas e inglesas, sino también para las nuevas naciones, en apariencia independientes, que comenzaban a identificarse como Estados-nación “latinoamericanos”. (111)

Así pues, el concepto de “latinidad”, fue útil en Europa, para contraponerlo a las potencias anglosajonas, con las cuales estaban en pugna tanto los intelectuales como los burgueses del nuevo Imperio Francés. En los territorios de las antiguas colonias, igualmente, se utilizó para diferenciarse de su agresivo vecino del norte, los Estados Unidos; sin embargo, a diferencia de lo que ocurriría en el Viejo continente, el lugar de América Latina en el Nuevo Orden Mundial, serla el de pueblos de segunda, subalternos en su configuración económica, política y cultural

La “latinidad” se utilizó como elemento definitorio de una comunidad de élites criollas/mestizas, a la que luego se unieron los descendientes de los europeos inmigrantes que llegaron en la segunda mitad del XIX.

Elaboró: Álvaro Botero Cadavid

[1] Cfr. Página 21 – 22.


[1] Mignolo, Walter (2005): La idea de América Latina, Gedisa Editorial, Barcelona, 2007, Cap. 2: 75 - 116

   

IDAS Y VENIDAS, VUELTAS Y REVUELTAS

Atención, abrir en una nueva ventana. PDFImprimirE-mail

Escrito por FUNDACIÓN WALTER BENJAMIN COLOMBIA Martes, 29 de Marzo de 2011 11:34

Mauricio Archila N.[1]

RESUMEN Jaime Sanabria T.

Luego del recorrido por los modelos teóricos en boga para el análisis de la sociedad, presentados en la sesión anterior, el autor hace una presentación sucinta de la producción académica en Colombia sobre el tema, durante el periodo entre 1957 y 1990, luego de lo cual parece haber un estancamiento; Según Archila, se encuentran tres momentos:

1.- Hasta finales de loa años 50 predomina entre los autores nacionales la escuela del desarrollismo, originada especialmente en los Estados Unidos bajo el temor del avance del comunismo y la explosión demográfica. Surge la idea del “subdesarrollo de los países del Tercer Mundo” y factores sociales, tales como los sindicatos, los campesinos, los estudiantes, etc., se consideran impulsores del desarrollo, o al menos no obstaculizan al mismo, siempre y cuando renuncien a las ideologías revolucionarias.

2.- En los años 60, un poco tardíamente, aparece el marxismo en el ámbito académico, aunque ya era conocido desde mucho antes. Es especialmente notorio su impacto en las instituciones de educación pública universitaria. Por esa época se da el enfrentamiento desarrollismo-materialismo histórico y los actores sociales se estudian desde la óptica del análisis de clase, desde la cual es difícil enmarcar sectores como los estudiantes, el magisterio, etc. Es real la presencia de otros sectores populares oprimidos, diferentes al proletariado, por lo cual, frente al marxismo, aparecen dos tendencias:

2.1. El maoísmo, que por sus orígenes resulta ser una herramienta para el estudio de los problemas del campesinado.

2.2. Las teorías de la dependencia, que siguen siendo esencialmente desarrollistas.

La opresión política no es solo explotación económica, ya que los conflictos sociales incluyen la producción, pero también el consumo, lo que enriquece la comprensión de las contradicciones sociales. Se empieza a hablar de crisis urbanas de desarrollo desigual, pero sigue estando presente el análisis de clase, que también infundía cierto temor en los políticos de derecha.

3.- Ya para los años 80 se creía en el surgimiento del “Poder Popular”, con la consecuente aparición de nuevos modelos teóricos, ya que ahora, ni el marxismo-leninismo ni las teorías de la dependencia satisfacen las necesidades intelectuales. Gramsci y otros autores europeos, como Alain Touraine ponen el acento en los movimientos sociales, que incluyen dimensiones culturales y simbólicas, étnicas y de género, sin que necesariamente estos movimientos sean “revolucionarios” en el sentido clásico.

Algunos autores reseñados, como Rocío Londoño y otros, sugieren que en el país hay una buena base organizativa, dando como ejemplo casos como los sindicatos, la Acción Comunal, etc. Sin embargo, se puede poner en duda la real representatividad de tales organizaciones.

La investigación de los movimientos sociales presenta dos tendencias:

3.1.- El análisis de nuevas dimensiones del conflicto social, tales como las minorías étnicas, los temas de género y minorías sexuales y el feminismo como tal, así como la presencia de la mujer en la clase obrera, el magisterio y el movimiento pedagógico, el joven como actor social y político, la dimensión ambiental, los movimientos cívicos regionales, etc.

3.2.- La relación de los movimientos sociales con la política y el Estado, que tiene en cuenta la inclusión ciudadana, con el Estado como garante, lo que implica una política pragmática que aproveche las oportunidades. Según Múnera, los movimientos sociales no están aislados, sino relacionados con los distintos poderes, como el Estado, el cual es una relación en sí. Es por esto que entre los años 1968 y 1988 surgen movimientos sociales al margen de la institucionalidad, “autónomos frente al bipartidismo, pero heterónomos frente a la izquierda”

Para el análisis del conflicto dentro del modelo de la Acción Social Colectiva (adjetivo que, según el autor, es nuevo con respecto a Weber), presenta estas categorías:

1.- Movimientos sociales

2.- Protestas sociales.

Los movimientos sociales presentan las siguientes características:

· Son Acción Social Colectiva.

· Enfrentan las injusticias (desigualdad, exclusión, etc.).

· Frecuentemente son propositivos, buscan el consenso, a diferencia, por ejemplo, de la lucha armada (Es insuficiente el análisis de la violencia como elemento del conflicto). Estos movimientos no siempre son progresistas.

· Cierta permanencia en el tiempo, lo que no es frecuente en el caso colombiano.

Por su parte, las protestas sociales son expresiones puntuales de más de 10 personas que buscan soluciones a sus conflictos irrumpiendo en espacios públicos o privados. No siempre logran visibilidad, en lo cual amerita un estudio del papel de los medios, que definitivamente no son neutrales. Por tal motivo son escasas las fuentes de tales protestas, ya que lo que se alcanza es una visibilidad puntual. La protesta social implica solidaridad.

La dinámica social conlleva a:

· Autonomía, que no significa aislamiento o autoexclusión, sino “entrar en el terreno del conflicto con criterios propios”.

· Capacidad real para ejercer la Acción Social

Otro elemento de análisis es la relación entre movimientos sociales y clases, entendidas como grupos humanos, caracterizados por su relación con los medios de producción; tal relación requiere.

· El análisis socio-económico de la sociedad, sin reduccionismos.

· Existencia misma de las clases, que es indiscutible que siempre las habrá, pero que no son el único actor social. El carácter más incluyente de los movimientos sociales hace superflua una superposición entre estos y las clases.

· La vanguardia revolucionaria del proletariado, que ahora es insostenible.

Finalmente presenta el concepto de “pueblo” y “lo popular” como algo no homogéneo que enfrenta la explotación en forma directa, introduciendo una connotación clasista a los movimientos sociales. Esta afirmación no es clara, ni siquiera ciando se apoya en el concepto gramsciano de ‘sectores subalternos’ como contraparte a las hegemonías.

En conclusión, se presenta un cuadro sesgado de las investigaciones que se han hecho en Colombia sobre los conflictos sociales durante un periodo de 33 años y frente a las cuales se requiere conocer los capítulos subsiguientes del trabajo para entender a cabalidad las posiciones del autor.



[1] [1]Idas y Venidas, Vueltas y Revueltas; Protestas sociales en Colombia 1958 – 90; ICAH – CINEP, 2005: 61-83.

 

RESUMEN SESIÓN 24 02 2011

Atención, abrir en una nueva ventana. PDFImprimirE-mail

Escrito por FUNDACIÓN WALTER BENJAMIN COLOMBIA Jueves, 24 de Febrero de 2011 15:44

HACIA UNA ESTRATEGIA DE ANALISIS COYUNTURAL

Hugo Zemelman

El texto procura ante todo llamar la atención acerca de la necesidad de establecer – o recuperar- unas metodologías investigativas y unos modos de construcciones de conocimiento diferentes, soportadas en la experiencia del trabajo en terreno, más que en el trabajo exclusivamente académico. Tal pretensión tiene como marco de análisis general la necesidad de recuperar lo que Hugo Zemelman llama “Discusión Epistémica”...una discusión sobre los asuntos estratégicos trascendentales de la sociedad actual.

Dice Hugo Zemelman que esta puede ser una metodología acertada en tanto permite vincular la construcción del conocimiento con y desde los mismos sujetos que lo crean y lo recreen en espacios y tiempos determinados

Platea que este proceso debe abordarse desde la adopción de “Estrategias de Investigación” que retomen los análisis de coyuntura como sucesión de momentos históricos y no como análisis fragmentados y/o contingentes.

Esta metodología permitiría aprehender de manera mas precisa las múltiples dinámicas sociales, culturales, económicas, e incluso militares que subyacen a las conflictivas realidades sociales de un periodo determinado. Pero también permitiría abandonar la práctica equivocada, poco científica, de “acomodar” o “forzar” los procesos sociales a moldes o categorías previamente establecidas, que poco o nada atienden las particularidades y especificidades de los distintos intereses y grupos que interactúan socialmente.

Otro de los méritos de esta metodología sería la generación de un conocimiento que se construye desde las búsquedas y necesidades de los mismos sujetos directamente involucrados, proceso en el cual se crean y recrean a su vez los propios sujetos.

Zemelman articula su propuesta partiendo de dos premisas fundamentales:

1. Necesidad de retomar el concepto de construcción de conocimiento a partir de la exigencia de historicidad (Marx. 18 ¿Brumario de Luis Bonaparte?).

2. Contexto actual caracterizado por un capitalismo “desenfrenado”. Con una clase (?) política hegemónica que se beneficia y representa ese capitalismo “sin escrúpulos”...que no impulsa y no alentara contra discursos.

Estas dos premisas nos remiten a la necesidad de entender cual ha sido el transito histórico del capitalismo que ha devenido hoy en ese capitalismo inescrupuloso o desenfrenado en el marco del cual debe inscribirse el conflicto y las alternativas a él que en estos momentos surgen, en el caso concreto de América latina.

En principio habría que decir que tanto la una como la otra (ambas premisas) se expresan en novedosos contextos permanentemente cambiantes y cada vez mas complejos, tanto en la espacialidad como en la temporalidad.

Abordarlas no es fácil. Máxime si se hace desde formulas o métodos de interpretación alejados de las constantes transformaciones que viven las sociedades y por lo mismo los distintos sujetos que interactúan en ella.

En palabras de Zemelman no podemos volver a inventarnos las sociedades, actores – sujetos- y futuros.

¿Qué tanto están preparadas las Ciencias sociales – yo diría y los cientistas sociales- para entender e interpretar estas nuevas realidades que nos interpelan a acerca de las subjetividades de los nuevos sujetos sociales, sus objetivos, su cobertura, la dimensión y “densidad” de sus proyectos, así como los alcances de estos?

“...mas allá de las dinámicas socioculturales, incluso de las políticas, ¿cuánta fuerza realmente está emergiendo de esta convulsión de conflictos o de conflictividades?

¿Como articular una análisis lo suficientemente sólido y riguroso que de cuenta de estas nuevas subjetividades, de esta multiplicidad de actores y grupos y de estos nuevos contextos que estimulan esta proliferación y dispersión de sujetos, de proyectos?

Esto es cierto tanto para precisar cuales son las transformaciones que se han dado desde el campo social, alternativo, si se quiere de aquellos sectores que interpelan el statu quo; como para los antagonistas o lo que Zemelman llama los “grupos dominantes”

Ya no basta con interpretar las luchas de los obreros y sus múltiples expresiones de la actividad laboral desde el concepto reivindicativo de los sindicatos, como tampoco basta con denunciar el carácter monopólico de las supuestas burguesías nacionales cada vez menos nacionales y cada vez mas diluidas en los grupos de poder tras nacionales.

De allí que uno de los grandes desafíos para las ciencias sociales, sea la adopción de metodologías investigativas y de generación de conocimiento que den cuenta de las continuas trasformaciones del capital, de los sujetos que concurren en el como relación social y de los tipos de sociedades que estos van diseñando y estableciendo.

Talvez es así pueda avanzarse en la comprensión de esos nuevos y cambiantes sujetos y la forma, las características y las apuestas inmediatas o estratégicas, con las que conflictúan y concurren en el marco de estas sociedades complejas de nuestro tiempo.

Elaboró: Juan Camilo A. Febrero 22/2011. 2º Sesión Walter Benjamín

   

Página 6 de 6