Columnistas

La incursión Francesa en Mali

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Escrito por FUNDACIÓN WALTER BENJAMIN, COLOMBIA Miércoles, 06 de Febrero de 2013 12:45

 

 

Mali
¿Por qué es insensata la intervención francesa?

Alfredo Holguín M.[1]

Entre más hundan sus pies en las arenas del Sahara, más los presionará la disyuntiva entre apoyar a los movimientos democráticos laicos y religiosos seculares de la región, o sencillamente dejar que sus aliados (directos o indirectos) del extremismo les contribuyan a una implosión de los jóvenes estados de África Occidental, y así acentuar su poder Neocolonial. Es muy probable que hagan lo segundo.

1. Porque no hay Principios, sino Intereses. Los hechos lo demuestran contundentemente, pues la llamada Primavera árabe no es tal, sino que se trata de un complejo escenario de fuerzas, pujando, a veces en favor de la Democracia, y en otras en dirección del extremismo neoliberal y/o religioso, según el caso y conveniencia. La UE y los EE.UU. que, en un primer momento, salieron en apoyo de Mubarak y Ben Ali, rápidamente se apartaron de los autócratas caídos en desgracia y demagógicamente se convirtieron en adalides de la ‘revolución’ en Túnez, Egipto y sus alrededores. No hay duda, el centro de sus acciones es defender sus intereses, y en ese sentido, la nueva intervención de Francia en Mali, de la mano de un golpista, responde más a cuidar sus utilidades económicas que a una actitud solidaria con los pueblos que habitan Mali. En Mali, aparte de su hipocresía argumental, lo claro es que van a asegurarse los recursos del tercer mayor exportador de oro de África, y de una larga lista de riquezas minerales, entre ellas, importantes reservas de Uranio. Claro, los intereses van más allá, se trata también de cuidar los intereses del conglomerado francés Areva que controla, en la vecina Níger, la industria minera del uranio.

2. Porque no se puede ‘sembrar’ la Democracia, y menos lanzando bombas. Ante su sed de negocios, las potencias europeas se ‘olvidaron’, que producto de los cambios políticos de los últimos 20 años, los autócratas del nacionalismo árabe fueron los que desmantelaron, en parte, las conquistas de su propio modelo, virando al credo neoliberal. Recordemos, que estos ‘salvadores’ de Mali, primero condenaron los levantamientos populares, que en buena medida se resistían a las nefastas políticas neoliberales, y que, en un mismo acto, exigían apertura democrática en el norte de África. Después, al ver que se les salió de control, el Gobierno de sus aliados, de la noche a la mañana, cambiaron de bando y se volvieron adalides de la Primavera árabe, aliándose inescrupulosamente con todos aquellos que les garantizaran desatar la ingobernabilidad y participar de la repartición del botín, en caso de que triunfaran dichas revoluciones o que, en su defecto, estos países implosionaran. Como lo hemos constatado, se está repitiendo el libreto de las llamadas ‘intervenciones humanitarias’, pues atizan la guerra, llegan los bombarderos, no llega la Democracia y, en nombre de la libertad, destrozan países, afectan gravemente a la población; pero eso sí, garantizan y aumentan, muy eficientemente, la producción petrolera y las importaciones de armas y otras mercancías.

3. Porque no se puede luchar por propósitos justos con métodos ruines. La lección está clara: a Sarkozy y Berlusconi no les interesaba ver florecer la Democracia, sino cubrirse las espaldas y ver crecer sus ya prósperas industrias. Recordemos, que ambos tenían negocios turbios con Gadafi. Se advirtió, que no se puede cohonestar con aquellos que arguyen justos propósitos usando métodos ruines; es decir, era y es un despropósito luchar contra algunos regímenes descompuestos del nacionalismo árabe, haciendo alianzas con las más antidemocráticas, brutales y semifeudales tiranías, como Arabia Saudí o Catar, solo por nombrar algunas. No es serio que inviten o a la lucha paranoica e islamofóbica contra el mundo musulmán, cuando ellos, directa o indirectamente, apoyan a los minoritarios, pero eficaces, grupos extremistas religiosos al detal, según sus intereses, llámese Afganistán, Siria o el Sahel. Tampoco lo es alentar, de palabra, a los demócratas de Egipto, cuando bajo la mesa la U.E. y los EE.UU. hacen contubernios con la cúpula corrupta del Ejército, y la retrógrada y neoliberal Hermandad Musulmana en Egipto. No podemos olvidar que el 21 de marzo de 2012 un grupo de militares derrocó al presidente Amadou Toumani Touré en Mali, en un sangriento Golpe de Estado, y entonces, ¿por qué Francia no acudió a defender la Democracia? ¿No será que le incomodaba algún nivel mínimo de autonomía y democracia en Mali? ¿Por qué no se trabajó por buscar una solución política con el Movimiento de Liberación Nacional del Azawad (MLNA)? ¿Por qué dejaron que los grupos salafistas de distinta estirpe (Al Qaeda del Magreb Islámico –AQMI-, Ansar Dine y el Movimiento para la Unicidad de la Yihad en África Occidental –MUYAO-) complicaran la situación y sus bases instaladas en Mali no hicieron sus llamadas operaciones quirúrgicas a tiempo?

4. Porque se perdió la confianza con la violación de la resolución 1973 de la ONU sobre Libia. No fueron pocos los análisis serios que apuntaron a que, si se sobrepasaba la resolución 1973 de la ONU sobre Libia, sencillamente, se manoseaba la voluntad de las naciones; y efectivamente, se tiró la llave al mar, pues hoy, en los diferentes cálculos geoestratégicos, es muy difícil que la ONU pueda buscar una solución negociada en el caso Siria, después de lo sucedido con Gadafi. Aunque son situaciones distintas, a muchos gobiernos que confían en la ONU, como un órgano para construir consensos sobre la base de sus principios, hoy se les dificulta incidir de forma efectiva, a pesar de la resolución 2071 sobre Mali, que en últimas, lo que hacen es lavarse las manos y dejarle la puerta abierta a la intervención a la francesa, con careta de la ONU. Los franceses irán solos, entre otras cosas, porque Mali, como patio trasero francés, no tiene más dolientes, y ellos lo saben. La implicación de la CEDAO (Comunidad Económica de Estados de África Occidental) no es más que una presión a muchas de sus excolonias, para que, en caso de que sea necesario, la sangre intervencionista que se derrame, también sea africana.

5. Porque, según la experiencia, los resultados anunciados serán adversos. Los Gobiernos de occidente no tienen autoridad para exigirle temperamento al vecino Gobierno de Argelia, cuando hace apenas dos décadas lo dejaron literalmente solo ante el avance del fundamentalismo religioso, y hace apenas hace unos meses, alentaban la caída de la actual Administración. Se equivocan, si creen que a Estados como Argelia se les olvidó lo recientemente sucedido con sus similares de Túnez y Egipto, donde se impone la Sharia y las ya debilitadas constituciones laicas languidecen. En Mali, ninguna fuerza laica, ni siquiera los musulmanes seculares, van confiar en incursiones militares sin conseguir consensos locales previos, pues saben, por experiencia, qué resultados arrojará guerra ‘humanitaria’. En últimas, a además de garantizar sus negocios, se trata blindar a Europa y los EE.UU. contra lo que ellos denominan terrorismo, sin importar la suerte de los pueblos en la periferia.

6. Porque la política del doble rasero solo genera monstruos. Francia se queja, argumentando que el resto de la OTAN la ha dejado sola en esta nueva intervención militar. Quieren, ahora, ignorar la vieja regla colonial sobre el reparto de África, que se hace en Berlín, París o Londres, en la que, sobre el terreno, cada uno defiende su patio trasero.

El problema, es que la OTAN tiene muchas guerras inconclusas, cuyos resultados no se corresponden con los propósitos justificadores iniciales. En Afganistán, la política del doble rasero -apoyar fundamentalistas contra el gobierno afgano en la década del 80- fortaleció a Al-Qaeda en el llamado cercano oriente y en el norte de África y el Talibán, reorganizado está al acecho para regresar a Kabul; en Irak, la tarea de deshacerse de su viejo aliado Sadam Hussein condujo a un país fragmentado y gobernado, por ahora, por las facciones chiítas; Somalia no existe como Estado; por el contrario, la guerra no acaba y, actualmente, Libia recorre el mismo camino. ¿Ese será el destino de Mali? ¿Qué hace pensar que esta guerra no traerá más sufrimientos y miseria para sus pueblos, que no se repetirá la historia una y otra vez?

Buscar caminos diferentes

Lo sensato entonces, sería oponerse a las guerras y trabajar para construir soluciones políticas, y así evitar más desplazamientos y ataques contra la población civil, bien sea desde la metralla integrista o desde las bombas de la OTAN. Lo razonable es la cooperación para sacar a millones de personas de la miseria y la ignorancia, que son los escenarios propicios donde se alimentan los extremismos de todos los pelambres. El presidente Hollande, en vez fungir en las calles de la histórica Tombuctú como un Napoleón de Opereta, podría dar el primer paso indemnizando y dando un trato digno a los miles y miles de ciudadanos de Mali que son perseguidos y humillados en las calles de Francia.

No se necesita ser un geógrafo para advertir que las fronteras de la región fueron trazadas con regla por las potencias coloniales. En esa dirección, una tarea, en la cual la ONU ha de estar a la cabeza, es asumir como justa y legitima la lucha del pueblo Tuareg, incluidas sus organizaciones religiosas, que son ajenas a prácticas fundamentalistas, de manera que, por medio del diálogo, se puedan reconstruir las fronteras, acorde con la aspiración y las formas de gobierno y autonomía, según las particularidades históricas y culturales de ese rico y multicultural continente, con Mali como caso emblemático. En esta misma dirección hay que apoyar e impulsar la lucha de los polisarios en el Sahara Occidental ocupado por el régimen de Marruecos, con la venia de Europa.

Lo contrario es un escenario más complicado, pues mientras las tropas francesas ocupan los centros urbanos, las otras fuerzas se han replegado temporalmente, ya que las armas fluyen desde todas las direcciones: la industria militar de occidente, los regímenes de la península arábiga y del bazar libio. Desafortunadamente, se repite el caso: la foto del presidente francés en Tombuctú es para justificar intereses canallas, y esta agresión posiblemente terminará por desestabilizar el resto de África Occidental. Lejos de lo que algún día impulsaron dirigentes como el líder independentista Modibo Keïta (Presidente entre 1960 - 1968), esta injerencia será el retorno de la parábola hacia el periodo entre 1864 y 1900, cuando los colonialistas franceses se enfrentaron a los gobiernos musulmanes, que entonces gobernaban como Califas este mismo territorio. No es, pues, razonable, desde ningún punto de vista, cohonestar con esta nueva insensatez.

Tynset, Noruega – 05-02-2013



[1] Militante de la Coordinación del PCC en Europa (Colombia). Miembro de la Fundación Walter Benjamín. Miembro de SV (Noruega)

 

 

¿Suicidio como arma de lucha política?

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Escrito por FUNDACIÓN WALTER BENJAMIN, COLOMBIA Domingo, 18 de Noviembre de 2012 21:12

 

INDIVIDUALISMO EXTREMO

Desde la época primitiva con los grupos de cazadores de grandes bestias, pasando por los ejércitos, los partidos, los sindicatos, las organizaciones comunitarias locales etc, etc, la humanidad ha rendido tributo a la organización y al trabajo de equipo para la obtención de logros en lo económico, lo político-militar, lo reivindicativo y para ordenar la misma vida cotidiana. Así mismo ha desarrollado la forma de manifestación pública de masas para llamar la atención de las autoridades sobre reclamaciones sentidas que no son oídas por otras vías menos estruendosas.
En una corta experiencia en algunas ciudades y calles de Europa (En realidad: Madrid, Roma, Paris, Barcelona, Lyon y otras pequeñas ciudades) en el verano de 1999, obviamente antes de la debacle actual cuando a las manifestaciones callejeras de Madrid, Atenas, París y otras ciudades les están dando el mismo tratamiento que acá, pude observar grupos relativamente reducidos  de 50 a 100 personas con pancartas y megáfonos que salían a protestar y eran recibidas por las autoridades para conocer y, probablemente, tramitar las peticiones así presentadas. 
Ello me llevó a fortalecer la posición de calificar a nuestra oligarquía y a nuestras autoridades, con excepción en el último tiempo en Bogotá – con pocos lunares -, de antidemocráticas en extremo, dado que sin importar que se movilicen decenas DE MILES DE PERSONAS, DURANTE KILÓMETROS Y HORAS, DECLAMANDO A PULMÓN REVENTADO SUS ASPIRACIONES, nunca oyen sus solicitudes y jamás se dignan atender a sus voceros autorizados. 
Más bien utilizan la técnica de infiltración de las mismas con provocadores que estallan petardos de diferente potencia y que rompen vitrinas, con lo que justifican el ataque de la fuerza policial pública contra los manifestantes procediendo violentamente a disolverlas o colocan a lo largo de las vías por las que transitan las marchas a sus policías superpertrechados de uniformes de guerra, de palos, escudos, cascos y cartucheras con balas de gases y de las otras en actitud provocadora buscando enardecer a los manifestantes más jóvenes e inexpertos que al rechazarlos de manera práctica atacándolos con bolsas de tinta, papas ruidosas y epítetos insultantes, así como pintando consignas y rompiendo vitrinas y ventanas de comercios y entidades simbólicas de lo que se rechaza, darían pié para atacar y disolver las movilizaciones.
Con ello aspiran a que se considere inocua esta forma de manifestación y violentos y estúpidos a quienes en ellas participan.
No obstante, estudiando en la práctica el tema de las movilizaciones callejeras he podido comprobar por lo menos dos cosas: 1. Sí es posible con la movilización callejera echar para atrás e impedir políticas y reformas que se consideran inconvenientes para las mayorías a las cuales van dirigidas y el expresar los intereses de las masas populares, la participación y acompañamiento de estas movilizaciones, son base importante para aquellas personas que se lanzan a la arena político-electoral ( La derrota del referendo uribista y la elección de Alcalde de Bogotá en 2003, el auge electoral del PDA en el 2006, el retiro de la reforma educativa en el 2011). 2. Una persona joven, madura o mayor que participa en una de estas movilizaciones en nuestro país jamás volverá a esperar nada de la oligarquía, entenderá más claramente el fundamento de lo que se rechaza y de lo que quiere y será fiel a la lucha de masas. 
Por ello he sentido una gran inquietud al leer en El Espectador virtual hoy, domingo 18 de noviembre de 2012, la columna editorial de Héctor Abad en la que al tiempo que descalifica totalmente y denigra de la movilización social popular por, para él, inoficiosa e inconducente, hace una apología del suicidio individual como herramienta efectiva para lograr el cambio en políticas inconvenientes para sectores sociales: con soporte en varios casos ocurridos en pueblos de España con personas desesperadas por la pérdida de sus viviendas, que se lanzan por las ventanas de los edificios, y que han provocado, según el columnista, un cambio en los métodos y políticas de expulsión de deudores morosos de vivienda en ese país.
Desde los apologistas de la tutela como mecanismo idóneo para la obtención de reivindicaciones personales, había pensado que ese era el límite de la lucha reivindicativa individual – que entre más eficaz sea más aleja a la gente de la lucha organizada – y me encuentro con esta perla del columnista en mención.
Otra manifestación del retroceso civilizatorio al que nos ha conducido está oligarquía enquistada en la dirección del estado y del gobierno, que hace que un escritor de relativo éxito, un hombre independiente, se convierta en un predicador del suicidio, elevándolo a la categoría de mecanismo expedito para la obtención de resultados políticos y sociales inmediatos, ni siquiera los supraterrenales de los bonzos.
Aun al costo de ser considerado apologista, debo hacer una defensa intransigente de la modalidad de lucha que considera la calle, la carretera, la plaza y el parque como escenarios en los que las masas inconformes y propositivas se reúnen y se movilizan en pos de obtener cambios cada vez más radicales hacia una sociedad más democrática, con justicia social y en paz. Máxime hoy cuando los escenarios habilitados para el debate y la construcción de políticas se encuentran postrados al servicio de mafias y capillas oligárquicas descompuestas y las organizaciones políticas existentes, aún el PDA, no pasan de ser aparatos y aparaticos para llenar egos y aspiraciones mezquinas que no permiten ni interpretan las aspiraciones de las masas populares.
Desde las calles de Colombia. Noviembre 18 de 2012.
Bayardo Ariza Olarte

 

 

OSLO - 2012

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Escrito por FUNDACIÓN WALTER BENJAMIN, COLOMBIA Lunes, 22 de Octubre de 2012 09:31

CUENTEN CON MI CONCURSO

Siendo estudiante universitario, a finales de la década de los años 70´s, tuve ocasión de fijar mi posición al respecto de la lucha armada, de la guerra de guerrillas y de la guerra prolongada para la toma del poder por el pueblo en armas. Ya por esos años se veía claramente que la oligarquía colombiana tenía mucho campo de acción reformista y/ demagógica para alejar a las amplias masas de trabajadores y de pobladores de su vinculación real y efectiva a esta forma de lucha.

De esta época en adelante, los hechos tanto en el campo de los grupos alzados en armas (consecución de recursos económicos para el sostenimiento del conflicto armado y sostenimiento e incremento de los guerrilleros y guerrilleras en sus filas) como en el campo del Estado colombiano (consecución de recursos económicos para el sostenimiento del conflicto armado y el sostenimiento de las tropas en incremento permanente ), aunque desde valoraciones diferentes, han motivado la pérdida de respaldo popular, tanto del Gobierno como de la guerrilla.

La degradación del conflicto por la utilización de armas criminales e innobles de parte y parte (el genocidio de la UP, las retenciones de carácter económico, las desapariciones forzadas, el recurso al paramilitarismo para eliminar dirigentes sociales inermes, el recurso al narcotráfico) , las manifestaciones mezquinas de la oligarquía a la hora de establecer posibles procesos de negociación de la terminación de la confrontación armada y la búsqueda de la paz, no obstante los acuerdos hechos a finales de los años 80´s que, precisamente, muestran las desnudeces de una reincorporación de grupos guerrilleros a la vida política legal nacional, en medio de las más precarias condiciones, siempre en franca desventaja frente a – la oligarquía - los detentadores tradicionales del poder – utilización lícita e ilícita del erario público, los medios masivos de comunicación al servicio de una de las partes, las diversas formas de fraude electoral, la criminalización calumniosa del contendiente, etc, etc. – que sumadas a cierta incapacidad congénita de las fuerzas populares para unirse y mantenerse unidas en la lucha por el poder para ser gobierno y ser poder y a la infiltración de la ideología de la oligarquía en las filas populares, han impedido el avance político del pueblo en su lucha por una Colombia en paz y con justicia social.

Así que, ahora, cuando nuevamente se inicia un proceso de diálogo entre el gobierno y la guerrilla de las Farc, que ha sido saludado por propios y extraños con alegría en tanto el cansancio por un conflicto permanente de más de 50 años es evidente; siendo que hemos estado optimistas en cada paso que a lo largo de la historia se han dado en este sentido y hemos querido aportar para una real solución, hoy, nos llenamos de alegría por las palabras de Iván Marques en Oslo, nos sentimos representados en todo lo que dijo frente a las necesarias reformas y cambios estructurales en nuestra patria y le manifestamos que, una vez en la arena política legal producto de un acuerdo con el gobierno de Santos – que necesariamente deberá incluir verdad, justicia y reparación para todas las víctimas -, estaremos prestos a trabajar unitaria, disciplinada y dedicadamente en la construcción de la fuerza política capaz de hacer realidad ese sueño de una Nueva Colombia que supere todas las llagas que las Farc, por boca de Iván Marques, ha denunciado en Oslo y que coinciden con las que venimos denunciando desde la Gran Coalición Democrática (durante el nefasto período uribista) y la Coordinadora de movimientos y organizaciones sociales y políticas de Colombia  (La Coordinación), actualmente.

Desde las calles de Colombia. Octubre 22 de 2012.

Bayardo Ariza Olarte.

Miembro de La Coordinación

   

SEMANA DE LA INDIGNACIÒN

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Escrito por FUNDACIÓN WALTER BENJAMIN, COLOMBIA Lunes, 15 de Octubre de 2012 10:41

LA ESQUIVA UNIDAD DE ACCIÓN Y NUESTRAS DEBILIDADES

 

La búsqueda paciente e incesante por unir las manifestaciones de inconformidad de las variadas y múltiples organizaciones sociales, políticas, populares y revolucionarias del país en busca de mayor eficacia y conquistas concretas, que en el último período ha dado resultados importantes como fue la derrota del referendo uribista de 2003; que ha posibilitado que se conformen procesos organizativos y de movilización social y política como la Marcha Patriótica (Cerca de 2000 organizaciones) , el Congreso de los Pueblos, la COMOSOC (Varias organizaciones de lucha por la salud de los colombianos) y, ahora poco, la Alianza Nacional por la salud de los colombianos (ANSA), tuvo en esta semana una prueba de fuego al coordinar acciones para la realización de la que se calificó como LA SEMANA DE LA INDIGNACIÓN.
Con antecedentes en octubre de 2009 cuando a iniciativa de la GRAN COALICIÓN DEMOCRÁTICA (GCD) se conminó a las diferentes organizaciones que la conformaban para que, de no ser posible programar movilizaciones unitarias en las mismas fechas debido a la terrible historia de división de los trabajadores y los diferentes sectores y clases sociales, se programaran actividades concentrándolas durante el mes de octubre y en el pasado octubre de 2011 cuando a invitación, en ese momento, de la COORDINACIÓN DE MOVIMIENTOS Y ORGANIZACIONES SOCIALES Y POLÍTICAS DE COLOMBIA (La Coordinación) (Conformada por la antigua GCD, la Marcha Patriótica, el Congreso de los Pueblos y la COMOSOC) se hizo el mismo llamamiento, acompañado de la programación de algunas actividades unitarias cuyos resultados fueron precarios, nos resolvimos desde la Coordinación y con el aval del ENCUENTRO NACIONAL DE UNIDAD POPULAR, realizado en el mes de agosto, a convocar a todas nuestras fuerzas para que concentraran sus acciones en la semana comprendida entre el 4 de octubre y el 12 de octubre de 2012.
En medio de los preparativos de esta SEMANA DE LA INDIGNACIÓN se conoció el acuerdo entre el gobierno y las FARC para iniciar un proceso de conversaciones hacia la paz, que se instalarían en Oslo Noruega el día 8 de octubre. Este hecho saludado con beneplácito por todos nosotros motivó la aparición de un espacio de coordinación aún mayor que la Coordinación: LA RUTA SOCIAL COMUN PARA LA PAZ que - con el ánimo de exigir la inclusión de la comunidad organizada en la negociación a efectos de posicionar las peticiones más sentidas del pueblo colombiano, al tiempo que exigir la iniciación ahora de un cese al fuego bilateral y la inclusión en la agenda de negociación de otros temas muy sensibles en educación, salud, garantías etc. – programó una movilización nacional para el día 8 de octubre día anunciado de instalación de las negociaciones, coincidiendo con el programa previsto de la SEMANA DE LA INDIGNACIÓN.
La verdad es que haciendo un balance desapasionado de la magnitud de las diferentes movilizaciones sectoriales – se incluyó el llamado del Equipo Colombia de la FEDERACIÓN SINDICAL MUNDIAL para manifestarse mundialmente el día 3 de octubre – y de la movilización unitaria del día 8 de octubre, se puede asegurar que se superaron los resultados de años anteriores, se realizó por primera vez una movilización unitaria con una regular participación, pero que permitió comunicarle a la ciudadanía nuestro apoyo a la negociación y nuestras exigencias al respecto y en definitiva hacia el final el país conoció de las manifestaciones de los indignados.
Aunque los resultados dejan mucho que desear y se requiere valorar más, por todas las plataformas y organizaciones, la necesidad de trabajar unitariamente como única posibilidad de hacer visibles nuestras peticiones y tener la organización necesaria para hacerlas efectivas, los esfuerzos se ven compensados en el avance, así sea insuficiente aún, en las tareas de coordinación y en la posibilidad cierta de que toda la dirigencia valore lo precario de dedicar grandes esfuerzos a movilizaciones independientes así se convenga en hacerlas durante un mes o una semana como en esta ocasión.
En todo caso el pueblo colombiano en muchas ciudades y pueblos manifestó durante esta semana su indignación y rechazo a las políticas antipopulares y antinacionales del gobierno santista.
Ello no es óbice para entender que los colombianos manifestamos nuestra esperanza por las negociaciones de paz que se avecinan y que, como se manifestó el 8 y en esta semana de la indignación, quiere ser incluido y tiene muchos aportes que hacer a un verdadero proceso de paz.
En el corto plazo queda pendiente la gran movilización que, en conjunto con el movimiento estudiantil agrupado en la MANE y apoyando sus postulados por una educación gratuita y de calidad consignados en el proyecto de ley que presentarán al gobierno central, debemos realizar el 17 de octubre día de inicio de las conversaciones de paz en Oslo para ratificar nuestras manifestaciones expresadas el 8 de octubre de 2012.
Desde las calles de Colombia. Octubre 14 de 2012.
Bayardo Ariza Olarte.
Miembro de La Coordinación.

 

LA RUTA SOCIAL

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Escrito por FUNDACIÓN WALTER BENJAMIN, COLOMBIA Viernes, 21 de Septiembre de 2012 22:18

EL RETO DE LA RUTA SOCIAL COMÚN PARA LA PAZ (LA RUTA)

Bayardo Ariza Olarte

En buena hora las más variadas agrupaciones y plataformas sociales y políticas, más allá, para bien, de la Coordinación de organizaciones y movimientos sociales y políticos de Colombia (La Coordinación), se vienen reuniendo y discutiendo el qué hacer frente al novísimo proceso de negociación que se ha publicitado entre el gobierno nacional y las FARC y ya hay adelantos importantes dentro de los que quiero destacar aquel tendiente a que abordemos estas negociaciones con una posición organizada, unificada e independiente, buscando incidir realmente en los resultados y en la responsabilidad de los negociadores de las dos partes con dos objetivos iniciales claros: lograr un cese bilateral del fuego necesarísimo para el buen trámite de las conversaciones y conseguir que las partes no cesen las negociaciones hasta el logro de un acuerdo definitivo que nos enrumbe hacia la paz democrática y con justicia social.

La situación es excelente y debe ser asumida con todo rigor, seriedad y buscando una correlación de fuerzas que permita una real incidencia, por ello no se puede menos que asumir la actitud gubernamental con inteligencia, sin posiciones extremas maximalistas, pero, también, sin pusilanimidad y sin posiciones de sometimiento a los dictados gubernamentales.

El gobierno espera, según lo conocido hasta ahora, que el posible arreglo que haga con la guerrilla sea avalado por el congreso nacional, sin la participación del pueblo: el pueblo - dice el presidente del congreso Roy Barreras - en un número que pasa de los 14 millones de personas mayores de edad eligió a sus congresistas y ese es el aval legitimador que tenemos.  Ni plebiscito, ni asamblea constituyente para validar los acuerdos, esa será labor del congreso nacional. Qué cinismo, cuando aún retumban en sus salones las acusaciones de facinerosos por la fallida reforma a la justicia y por todo lo nefasto que ocurre cuando legislan los llamados “Padres de la patria”.

Cuando más, ha nombrado a “Lucho” Garzón como alto consejero para la participación ciudadana en estas negociaciones, esperando que las organizaciones y movimientos sociales de manera aplicada y siguiendo algún formato de PARTICIPACIÓN le entreguen al Sr. Alto consejero sus puntos de vista y peticiones para que él, si a bien lo tiene, las transmita a las mesas de negociación de la Habana.

Así que corresponde a la RUTA, trabajando permanentemente durante todo el período de las negociaciones, garantizar la vocería popular, sin detrimento de relaciones cordiales con la Comisión de Paz del Gobierno y con el Sr. Garzón, siempre haciendo énfasis en que no queremos intermediarios y que contamos con la suficiente legitimidad, lograda en las calles, las plazas y en las carreteras del país, para fijar nuestros puntos de vista en un tema tan crucial para nuestro pueblo.

Es un gran reto y es la hora de poner en tensión todo el acumulado de 50 o más años de lucha inerme por la paz, por la democracia y por la justicia social para Colombia. Es la hora de exigir la incidencia mayor, como mayorías que somos, en el diseño de un país a la imagen del que han venido planificando y proyectando las organizaciones sociales y populares y que se encuentra escrito y validado en congresos, encuentros y cumbres de las diferentes plataformas (Mandatos, manifiestos, idearios, programas mínimos y máximos etc, etc.). De allí, mediante un trabajo serio y respetuoso de las autonomías, democrático, horizontal, riguroso y científico, los y las responsables de cada plataforma, movimiento, confluencia etc, de manera ágil y eficiente deberán extraer un programa común para la Nueva Colombia, del tamaño de las aspiraciones populares largamente aplazadas y birladas.

La inteligencia popular debe desplegarse en esta hora crucial, no podemos perder la nueva oportunidad, ya que a diferencia de eventos anteriores, ahora estamos organizados hemos avanzado en preparación y hemos estudiado nuestra realidad, a la luz de la realidad mundial y la regional y sabemos para dónde deben ir los acontecimientos y cómo hacer para ir construyendo el nuevo país, en paz, en democracia y con justicia social.

Las negociaciones de la Habana deben contemplar esta participación de manera central y decisoria.

Desde las calles de Colombia. Septiembre 21 de 2012.

Bayardo Ariza Olarte.

Miembro de la Coordinación.

Miembro fundador del PDA.

 

   

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